
Cientos de manifestantes marcharon por Federation Mall hasta la Casa del Parlamento en Canberra el domingo 26 de abril, exigiendo el fin de lo que los organizadores denominaron “inmigración masiva”. La concentración, bautizada como la “Marcha sobre Canberra”, reunió a una constelación de figuras políticas de derecha, entre ellas el líder de los Nationals, Matt Canavan, y la líder de One Nation, Pauline Hanson, quienes aprovecharon la plataforma para prometer controles migratorios más estrictos, reducir los cupos anuales y retomar la política de devolución de embarcaciones. En discursos encendidos, la senadora Hanson pidió un límite estricto de 130,000 plazas permanentes al año y argumentó que los migrantes deberían ser seleccionados según su disposición a “asimilarse”. El senador Canavan afirmó ante la multitud que Australia “ha dedicado demasiado tiempo a hablar de diversidad y muy poco de unidad” y prometió “verificar quiénes ingresan” y “deportar” a quienes no superen las nuevas pruebas de valores. Sus declaraciones reflejan el reciente “Plan de Migración basado en Valores Australianos” del Gobierno de Coalición, que propone pruebas de carácter más rigurosas y facultades ministeriales para rechazar visas por motivos ideológicos. La protesta se produce en un momento delicado para la política migratoria. La migración neta internacional cayó desde un pico postpandemia de 454,400 en 2022-23 a un estimado de 320,000 en 2024-25, pero la preocupación pública por la vivienda, la infraestructura y los salarios mantiene la migración en el centro del debate político. Grupos empresariales advierten que recortes generales podrían frenar el crecimiento de la fuerza laboral justo cuando reaparecen las carencias de habilidades; las universidades temen que un endurecimiento adicional de las visas estudiantiles pueda costar miles de millones en ingresos por exportaciones. Para los gestores de movilidad global, la marcha es una señal de que el consenso bipartidista sobre la migración calificada se está fracturando de cara a las elecciones federales de 2026. Los empleadores que planifiquen asignaciones a largo plazo deberían preparar modelos de escenarios que incluyan tiempos de procesamiento más lentos, mayores tasas de rechazo para dependientes y la posibilidad de nuevas declaraciones sobre “valores”. Las organizaciones con grandes plantillas móviles podrían anticipar las solicitudes antes de que entren en vigor las reducciones de cupos y preparar a los asignados sobre la creciente sensibilidad política en torno a la inmigración. La lección más amplia es reputacional: las empresas que dependen del talento extranjero necesitarán una narrativa más sólida sobre los beneficios económicos de la migración —desde cubrir vacantes en salud regional hasta consolidar inversiones en manufactura avanzada— para contrarrestar el discurso populista que dominó la marcha del domingo.
Fuente: The Guardian; The Queenslander
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