
El partido de extrema derecha Vox ha anunciado que presentará una demanda ante el Tribunal Supremo para anular el programa extraordinario de regularización de 2026 del gobierno, que se abrió el 16 de abril y permite a ciertos migrantes indocumentados obtener permisos de trabajo y residencia por un año. En un mitin de campaña en Jaén el 1 de mayo, el líder del partido, Santiago Abascal, afirmó que esta medida supone una “invasión” que amenaza la identidad cultural de España.
La regularización —la primera en dos décadas en España— busca incorporar a decenas de miles de residentes de larga duración al mercado laboral formal y aliviar la escasez crónica de mano de obra en sectores como la agricultura, el cuidado y la hostelería. Los solicitantes deben demostrar que estaban en España antes del 1 de enero de 2026 y cumplir con criterios de vulnerabilidad o empleo. En sus primeros quince días, se abrieron más de 35.000 expedientes en línea, según el Ministerio de Inclusión.
Vox sostiene que el decreto excede las competencias del Ejecutivo, discrimina a los españoles que buscan empleo y fomentará nuevas llegadas irregulares. Expertos legales señalan que el Tribunal Supremo puede suspender partes del decreto mientras lo estudia, generando incertidumbre para las empresas que planean contratar a trabajadores regularizados. Por ello, los equipos de movilidad corporativa deben seguir de cerca el calendario judicial y preparar planes alternativos de personal.
Los asesores recomiendan presentar las solicitudes cuanto antes, conservar la documentación que acredite la elegibilidad de los empleados y estar atentos a posibles órdenes judiciales provisionales que puedan paralizar las resoluciones o la emisión de autorizaciones de trabajo. Más allá de la retórica política, las empresas siguen enfrentando una oferta local de talento muy limitada. La regularización ofrece una oportunidad para asegurar a personal ya integrado, pero solo si el marco legal se mantiene vigente.
La regularización —la primera en dos décadas en España— busca incorporar a decenas de miles de residentes de larga duración al mercado laboral formal y aliviar la escasez crónica de mano de obra en sectores como la agricultura, el cuidado y la hostelería. Los solicitantes deben demostrar que estaban en España antes del 1 de enero de 2026 y cumplir con criterios de vulnerabilidad o empleo. En sus primeros quince días, se abrieron más de 35.000 expedientes en línea, según el Ministerio de Inclusión.
Vox sostiene que el decreto excede las competencias del Ejecutivo, discrimina a los españoles que buscan empleo y fomentará nuevas llegadas irregulares. Expertos legales señalan que el Tribunal Supremo puede suspender partes del decreto mientras lo estudia, generando incertidumbre para las empresas que planean contratar a trabajadores regularizados. Por ello, los equipos de movilidad corporativa deben seguir de cerca el calendario judicial y preparar planes alternativos de personal.
Los asesores recomiendan presentar las solicitudes cuanto antes, conservar la documentación que acredite la elegibilidad de los empleados y estar atentos a posibles órdenes judiciales provisionales que puedan paralizar las resoluciones o la emisión de autorizaciones de trabajo. Más allá de la retórica política, las empresas siguen enfrentando una oferta local de talento muy limitada. La regularización ofrece una oportunidad para asegurar a personal ya integrado, pero solo si el marco legal se mantiene vigente.
Fuente: El País
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