
En un comunicado emitido a última hora del 12 de diciembre de 2025, el Ministerio del Interior afirmó que casi 50,000 personas sin derecho legal a permanecer en el Reino Unido —incluidos solicitantes de asilo rechazados y delincuentes extranjeros— han sido expulsadas desde julio de 2024, lo que representa un aumento del 23 % respecto al período anterior de 16 meses. Las autoridades atribuyeron este incremento a un piloto “histórico” con Francia que comenzó a devolver a algunos llegados en pequeñas embarcaciones en octubre, así como a los nuevos poderes otorgados por la Ley de Seguridad Fronteriza, Asilo e Inmigración.
El comunicado detalló medidas próximas destinadas a desalentar aún más la migración irregular: revocar el apoyo habitacional legal para solicitantes de asilo considerados aptos para trabajar, limitar las apelaciones a una única vía y agilizar los casos “claramente infundados”. Además, los agentes tendrán autoridad explícita para confiscar teléfonos móviles a sospechosos de facilitar el contrabando.
Para los equipos de movilidad global, la cuestión clave es si el endurecimiento de la vigilancia contra los entrantes irregulares se traducirá en tiempos de procesamiento más largos o un escrutinio adicional para visados legítimos de trabajo y negocios. El Ministerio del Interior insiste en que la ofensiva solo apunta a las rutas ilegales, pero ya ha desplegado a 1,200 militares en los controles de pasaportes durante la huelga de la Fuerza Fronteriza en Navidad, lo que ilustra cómo los aumentos en la vigilancia pueden tensionar los recursos.
Organizaciones como el Consejo de Refugiados sostienen que los elevados costos de los hoteles se deben a la complejidad de los retrasos en los procesos de asilo, no a las ayudas, y que eliminar el apoyo empujará a las personas a la indigencia. Por su parte, la Oficina Nacional de Auditoría ha advertido que la mala calidad de los datos dificulta la evaluación de las políticas.
No obstante, los ministros aseguran que las últimas cifras justifican su postura más dura y que las deportaciones seguirán aumentando durante 2026 a medida que se implementen las reformas en la gestión de casos.
El comunicado detalló medidas próximas destinadas a desalentar aún más la migración irregular: revocar el apoyo habitacional legal para solicitantes de asilo considerados aptos para trabajar, limitar las apelaciones a una única vía y agilizar los casos “claramente infundados”. Además, los agentes tendrán autoridad explícita para confiscar teléfonos móviles a sospechosos de facilitar el contrabando.
Para los equipos de movilidad global, la cuestión clave es si el endurecimiento de la vigilancia contra los entrantes irregulares se traducirá en tiempos de procesamiento más largos o un escrutinio adicional para visados legítimos de trabajo y negocios. El Ministerio del Interior insiste en que la ofensiva solo apunta a las rutas ilegales, pero ya ha desplegado a 1,200 militares en los controles de pasaportes durante la huelga de la Fuerza Fronteriza en Navidad, lo que ilustra cómo los aumentos en la vigilancia pueden tensionar los recursos.
Organizaciones como el Consejo de Refugiados sostienen que los elevados costos de los hoteles se deben a la complejidad de los retrasos en los procesos de asilo, no a las ayudas, y que eliminar el apoyo empujará a las personas a la indigencia. Por su parte, la Oficina Nacional de Auditoría ha advertido que la mala calidad de los datos dificulta la evaluación de las políticas.
No obstante, los ministros aseguran que las últimas cifras justifican su postura más dura y que las deportaciones seguirán aumentando durante 2026 a medida que se implementen las reformas en la gestión de casos.
Fuente: Home Office Media Blog