
En una operación conjunta anunciada el 7 de julio, la policía de Nowy Sącz y los agentes de la Guardia Fronteriza de los Cárpatos escoltaron a un hombre ucraniano de 44 años hasta el paso fronterizo terrestre de Medyka y lo expulsaron del territorio polaco. La deportación se produjo tras una decisión administrativa de la estación de la Guardia Fronteriza de Zakopane, que consideró que el individuo representaba “una amenaza para el orden público y la seguridad”. Según el expediente, el hombre poseía una tarjeta de residencia temporal válida en Polonia, pero acumulaba múltiples condenas, incluyendo conducir bajo los efectos del alcohol con un nivel de alcohol en sangre superior a 3.0 ‰ y repetidas infracciones al orden público. Debido a que su conducta encajaba en el artículo 303 de la Ley de Extranjería, las autoridades no solo ordenaron su retorno inmediato, sino que también le impusieron una prohibición de siete años para entrar en Polonia y en cualquier otro país del espacio Schengen.
Para los equipos de movilidad corporativa, esta resolución es significativa: los empleados con permisos de residencia polacos no están exentos de expulsión si cometen delitos graves, y las prohibiciones de entrada al espacio Schengen tras la expulsión invalidan automáticamente cualquier derecho de movilidad intra-UE durante el período correspondiente. Por ello, las empresas que emplean a ciudadanos ucranianos deberían incluir sesiones periódicas de cumplimiento sobre las normas penales y administrativas polacas, además de ofrecer apoyo para problemas de adicción o bienestar que puedan poner en riesgo el estatus migratorio.
Este incidente también refuerza la postura firme de Polonia en materia de expulsiones relacionadas con la seguridad, en un momento en que el país acoge a más de un millón de ciudadanos ucranianos. Aunque la mayoría se integra con éxito en el mercado laboral, las autoridades quieren dejar claro que la seguridad pública es una prioridad y que los casos de abuso serán tratados con rapidez.
Para los equipos de movilidad corporativa, esta resolución es significativa: los empleados con permisos de residencia polacos no están exentos de expulsión si cometen delitos graves, y las prohibiciones de entrada al espacio Schengen tras la expulsión invalidan automáticamente cualquier derecho de movilidad intra-UE durante el período correspondiente. Por ello, las empresas que emplean a ciudadanos ucranianos deberían incluir sesiones periódicas de cumplimiento sobre las normas penales y administrativas polacas, además de ofrecer apoyo para problemas de adicción o bienestar que puedan poner en riesgo el estatus migratorio.
Este incidente también refuerza la postura firme de Polonia en materia de expulsiones relacionadas con la seguridad, en un momento en que el país acoge a más de un millón de ciudadanos ucranianos. Aunque la mayoría se integra con éxito en el mercado laboral, las autoridades quieren dejar claro que la seguridad pública es una prioridad y que los casos de abuso serán tratados con rapidez.
Fuente: Komenda Główna Straży Granicznej
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