
En la primera gran prueba de las nuevas normas italianas sobre transporte en tiempos olímpicos, el vicepresidente del Gobierno y ministro de Transportes, Matteo Salvini, confirmó que el Ejecutivo emitirá una orden de emergencia para prohibir dos huelgas nacionales en aeropuertos previstas para el 16 de febrero y el 7 de marzo. Ambas paradas fueron convocadas por varios sindicatos de aviación para presionar por avances en un convenio colectivo largamente estancado que abarca a tripulaciones de vuelo, personal de tierra y técnicos de control aéreo.
Salvini declaró a los medios que el texto de la orden se estaba ultimando “en cuestión de minutos”, argumentando que el derecho a huelga debe ceder ante la obligación de Italia de garantizar el normal funcionamiento mientras dos mil millones de espectadores televisivos siguen los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina (6-22 de febrero) y los Paralímpicos (6-15 de marzo). La Comisión Nacional de Huelgas ya había pedido a los sindicatos posponer las acciones al periodo del 24 de febrero al 4 de marzo, pero los líderes sindicales rechazaron la propuesta, alegando que las negociaciones con el ministerio no habían producido “ninguna oferta salarial concreta”.
De ser firmada, la orden activará el artículo 8 de la Ley italiana de 1990 sobre huelgas en servicios esenciales, que permite al ministro de Transportes imponer niveles mínimos de servicio o, en circunstancias excepcionales, una suspensión total cuando la acción sindical amenace el “prestigio nacional” o la seguridad pública. Los empleadores deberán respetar franjas horarias garantizadas (07:00-10:00 y 18:00-21:00), pero los organizadores se enfrentan a multas de hasta 50.000 euros por incumplimiento.
Para los viajeros de negocios y gestores de movilidad, la ventaja inmediata es una mayor certeza: es poco probable que se cancelen vuelos a Milán Linate, Malpensa y Venecia en el último momento, y las delegaciones olímpicas podrán mantener sus ajustados horarios de conexión. Sin embargo, el riesgo no desaparece: los sindicatos ya han insinuado una nueva huelga de 48 horas a finales de marzo, tras el cierre de los Paralímpicos. Las empresas con viajes críticos deben mantener rutas alternativas activas y seguir de cerca los avisos de la Autoridad de Aviación Civil italiana (ENAC).
Este episodio también ofrece un primer indicio de cómo el Gobierno podría manejar los conflictos laborales en el transporte antes del Jubileo de Roma del próximo año y el Campeonato Europeo de Fútbol 2032, ambos eventos que pondrán a prueba la infraestructura aérea italiana. Los actores del sector de la movilidad deben esperar una postura más intervencionista cada vez que grandes eventos internacionales pongan al país en el centro de atención.
Salvini declaró a los medios que el texto de la orden se estaba ultimando “en cuestión de minutos”, argumentando que el derecho a huelga debe ceder ante la obligación de Italia de garantizar el normal funcionamiento mientras dos mil millones de espectadores televisivos siguen los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina (6-22 de febrero) y los Paralímpicos (6-15 de marzo). La Comisión Nacional de Huelgas ya había pedido a los sindicatos posponer las acciones al periodo del 24 de febrero al 4 de marzo, pero los líderes sindicales rechazaron la propuesta, alegando que las negociaciones con el ministerio no habían producido “ninguna oferta salarial concreta”.
De ser firmada, la orden activará el artículo 8 de la Ley italiana de 1990 sobre huelgas en servicios esenciales, que permite al ministro de Transportes imponer niveles mínimos de servicio o, en circunstancias excepcionales, una suspensión total cuando la acción sindical amenace el “prestigio nacional” o la seguridad pública. Los empleadores deberán respetar franjas horarias garantizadas (07:00-10:00 y 18:00-21:00), pero los organizadores se enfrentan a multas de hasta 50.000 euros por incumplimiento.
Para los viajeros de negocios y gestores de movilidad, la ventaja inmediata es una mayor certeza: es poco probable que se cancelen vuelos a Milán Linate, Malpensa y Venecia en el último momento, y las delegaciones olímpicas podrán mantener sus ajustados horarios de conexión. Sin embargo, el riesgo no desaparece: los sindicatos ya han insinuado una nueva huelga de 48 horas a finales de marzo, tras el cierre de los Paralímpicos. Las empresas con viajes críticos deben mantener rutas alternativas activas y seguir de cerca los avisos de la Autoridad de Aviación Civil italiana (ENAC).
Este episodio también ofrece un primer indicio de cómo el Gobierno podría manejar los conflictos laborales en el transporte antes del Jubileo de Roma del próximo año y el Campeonato Europeo de Fútbol 2032, ambos eventos que pondrán a prueba la infraestructura aérea italiana. Los actores del sector de la movilidad deben esperar una postura más intervencionista cada vez que grandes eventos internacionales pongan al país en el centro de atención.
Fuente: ANSA