
En un comunicado emitido a última hora del 1 de marzo de 2026, el Ministerio de Asuntos Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos anunció el cierre inmediato de su embajada en Teherán y la repatriación del embajador junto con todo el personal diplomático. La decisión se produce tras dos días de intensos ataques con misiles y drones iraníes, que incluyeron bombardeos en Dubái y Abu Dabi, así como en infraestructuras de Arabia Saudita y Baréin. Calificando la ofensiva como una "escalada irresponsable" que puso en peligro a civiles y violó el derecho internacional, el ministerio señaló que la retirada era necesaria para proteger al personal emiratí y para subrayar la "posición firme e inquebrantable" de Abu Dabi frente a la agresión.
Los servicios consulares para iraníes que solicitan visados para los EAU han sido suspendidos hasta nuevo aviso; las solicitudes en trámite serán gestionadas por la misión emiratí en Ankara. Para las empresas, el cierre corta un canal clave para visados de inversores, certificaciones de licencias comerciales y validaciones de contratos laborales que los socios iraníes suelen tramitar en Teherán. Las multinacionales que operan en energía, petroquímica y servicios marítimos enfrentan ahora plazos más largos, ya que los documentos deberán enviarse por mensajería a embajadas en terceros países o gestionarse a la llegada a los EAU.
Las compañías con empleados iraníes ya en los Emiratos deben prever controles de diligencia reforzados en inmigración al renovar permisos de residencia. La ruptura diplomática también complica la planificación de evacuaciones. La embajada en Teherán ha servido históricamente como punto de apoyo para evacuar a ciudadanos emiratíes atrapados en el norte de Irán durante desastres naturales; esa función dependerá ahora de la misión en Mascate, Omán, para apoyo logístico. Desde la perspectiva del riesgo en movilidad, este episodio ilustra cómo los focos geopolíticos pueden interrumpir de inmediato tanto la planificación de asignaciones internacionales como el flujo de talento entrante.
Los servicios consulares para iraníes que solicitan visados para los EAU han sido suspendidos hasta nuevo aviso; las solicitudes en trámite serán gestionadas por la misión emiratí en Ankara. Para las empresas, el cierre corta un canal clave para visados de inversores, certificaciones de licencias comerciales y validaciones de contratos laborales que los socios iraníes suelen tramitar en Teherán. Las multinacionales que operan en energía, petroquímica y servicios marítimos enfrentan ahora plazos más largos, ya que los documentos deberán enviarse por mensajería a embajadas en terceros países o gestionarse a la llegada a los EAU.
Las compañías con empleados iraníes ya en los Emiratos deben prever controles de diligencia reforzados en inmigración al renovar permisos de residencia. La ruptura diplomática también complica la planificación de evacuaciones. La embajada en Teherán ha servido históricamente como punto de apoyo para evacuar a ciudadanos emiratíes atrapados en el norte de Irán durante desastres naturales; esa función dependerá ahora de la misión en Mascate, Omán, para apoyo logístico. Desde la perspectiva del riesgo en movilidad, este episodio ilustra cómo los focos geopolíticos pueden interrumpir de inmediato tanto la planificación de asignaciones internacionales como el flujo de talento entrante.
Fuente: Khaleej Times