
Bajo la Presidencia rotatoria de Chipre en el Consejo de la UE, los ministros de Trabajo lograron un compromiso de última hora con el Parlamento Europeo el 22 de abril para reformar las normas del bloque, vigentes desde hace 20 años, sobre la coordinación de los sistemas nacionales de seguridad social. El proyecto de reglamento modifica los Reglamentos 883/2004 y 987/2009, simplificando la forma en que se exportan las prestaciones por desempleo, familiares y de cuidados a largo plazo cuando los ciudadanos se trasladan o son enviados a otro Estado miembro. Los puntos clave en disputa —como los períodos de elegibilidad para trabajadores transfronterizos y qué país debe pagar las prestaciones a empleados que teletrabajan en dos o más países— se resolvieron tras la propuesta de Chipre de un enfoque gradual que otorga a las administraciones nacionales tres años para actualizar sus interfaces informáticas. El acuerdo también aclara cuándo se puede negar a ciudadanos de la UE económicamente inactivos ciertos pagos sociales, una queja recurrente de varios gobiernos occidentales y nórdicos. Para el personal internacionalmente móvil y sus empleadores, el pacto promete transferencias de prestaciones más rápidas y menos trámites burocráticos. Los equipos de nómina podrán verificar la legislación aplicable de forma electrónica, mientras que los departamentos de recursos humanos obtendrán seguridad jurídica sobre acuerdos de teletrabajo a largo plazo que abarcan varios países. La Comisión estima que los retrasos y las contribuciones duplicadas cuestan actualmente a las empresas 1.500 millones de euros al año, un ahorro que podría destinarse al desarrollo del talento una vez que el reglamento entre en vigor, probablemente a principios de 2028. La Presidencia chipriota ha hecho de la movilidad laboral un tema prioritario, argumentando que una coordinación más fluida es esencial para que las economías más pequeñas en la periferia europea atraigan talento especializado sin perder ingresos por seguridad social. El texto provisional ahora pasará a revisión jurídico-lingüística antes de su adopción formal por el Consejo y el Parlamento a finales de este verano.