
A partir de este viernes 26 de junio de 2026, los pasajeros que salgan del Aeropuerto Internacional de Viena (VIE) ya no tendrán que limitar sus líquidos a envases de 100 mililitros ni sacar sus portátiles en el control de seguridad. El aeropuerto ha completado la modernización de todos los carriles de inspección con escáneres de tomografía computarizada (TC), la misma tecnología que ya se utiliza para el equipaje facturado.
Esta actualización, resultado de un programa de modernización de 18 meses con un coste aproximado de 35 millones de euros, pone a Austria a la par con Reino Unido, Países Bajos y varios centros españoles que ya han flexibilizado las restricciones europeas de 2006 sobre líquidos en cabina.
Los nuevos escáneres generan una imagen tridimensional completa de cada objeto dentro del equipaje de mano. El software puede identificar explosivos en forma líquida, en gel o en polvo con mucha más precisión que las máquinas de rayos X bidimensionales que reemplazan. Según Julian Jäger, director de operaciones del aeropuerto, esto permite aumentar el límite de líquidos a dos litros por envase y elimina la necesidad de sacar los dispositivos electrónicos, reduciendo el tiempo medio en el control para pasajeros de clase económica de nueve a menos de cuatro minutos durante las pruebas.
Para aerolíneas austriacas como Austrian Airlines y la low cost Level, esta mayor rapidez se traducirá en una mejor puntualidad y menos horas extra para el personal durante la intensa temporada de verano. Los corredores de seguros de viaje también señalan que el riesgo de perder conexiones —un problema habitual debido a las largas colas en el muelle de transferencias Schengen— debería disminuir. Los gestores de viajes corporativos ya han comenzado a actualizar sus recomendaciones previas al viaje; la oficina de Deloitte en Viena estima que sus consultores pierden colectivamente más de 600 horas facturables al año por los cuellos de botella en seguridad.
Las nuevas normas relajadas aplican únicamente a pasajeros que inician su viaje en Viena. Los viajeros con vuelos de conexión en otros países deberán seguir cumpliendo con las restricciones locales al volver a pasar por seguridad, algo que el aeropuerto informa mediante señalización multilingüe y en su página web. Por ahora, las botellas de doble pared, como los termos, deben ir vacías porque sus capas interfieren con el escaneo.
El Aeropuerto de Viena trabaja junto al Ministerio del Interior en un proyecto complementario que permitirá, para mediados de 2027, controles remotos basados en evaluación de riesgo para carriles de viajeros confiables.
En un contexto más amplio, los analistas de aviación ven esta medida como un indicio de la futura armonización en todo el espacio Schengen. Alemania y Francia planean completar sus propias actualizaciones a principios de 2027; una vez que un número crítico de grandes hubs haya hecho el cambio, se espera que la Comisión Europea revise el Reglamento (CE) 185/2010 para eliminar el límite de 100 ml en todos los aeropuertos.
La adopción temprana por parte de Austria posiciona al país como líder en innovación tecnológica en seguridad de pasajeros y podría atraer más tráfico de larga distancia que busque conexiones más fluidas dentro de Europa.
Esta actualización, resultado de un programa de modernización de 18 meses con un coste aproximado de 35 millones de euros, pone a Austria a la par con Reino Unido, Países Bajos y varios centros españoles que ya han flexibilizado las restricciones europeas de 2006 sobre líquidos en cabina.
Los nuevos escáneres generan una imagen tridimensional completa de cada objeto dentro del equipaje de mano. El software puede identificar explosivos en forma líquida, en gel o en polvo con mucha más precisión que las máquinas de rayos X bidimensionales que reemplazan. Según Julian Jäger, director de operaciones del aeropuerto, esto permite aumentar el límite de líquidos a dos litros por envase y elimina la necesidad de sacar los dispositivos electrónicos, reduciendo el tiempo medio en el control para pasajeros de clase económica de nueve a menos de cuatro minutos durante las pruebas.
Para aerolíneas austriacas como Austrian Airlines y la low cost Level, esta mayor rapidez se traducirá en una mejor puntualidad y menos horas extra para el personal durante la intensa temporada de verano. Los corredores de seguros de viaje también señalan que el riesgo de perder conexiones —un problema habitual debido a las largas colas en el muelle de transferencias Schengen— debería disminuir. Los gestores de viajes corporativos ya han comenzado a actualizar sus recomendaciones previas al viaje; la oficina de Deloitte en Viena estima que sus consultores pierden colectivamente más de 600 horas facturables al año por los cuellos de botella en seguridad.
Las nuevas normas relajadas aplican únicamente a pasajeros que inician su viaje en Viena. Los viajeros con vuelos de conexión en otros países deberán seguir cumpliendo con las restricciones locales al volver a pasar por seguridad, algo que el aeropuerto informa mediante señalización multilingüe y en su página web. Por ahora, las botellas de doble pared, como los termos, deben ir vacías porque sus capas interfieren con el escaneo.
El Aeropuerto de Viena trabaja junto al Ministerio del Interior en un proyecto complementario que permitirá, para mediados de 2027, controles remotos basados en evaluación de riesgo para carriles de viajeros confiables.
En un contexto más amplio, los analistas de aviación ven esta medida como un indicio de la futura armonización en todo el espacio Schengen. Alemania y Francia planean completar sus propias actualizaciones a principios de 2027; una vez que un número crítico de grandes hubs haya hecho el cambio, se espera que la Comisión Europea revise el Reglamento (CE) 185/2010 para eliminar el límite de 100 ml en todos los aeropuertos.
La adopción temprana por parte de Austria posiciona al país como líder en innovación tecnológica en seguridad de pasajeros y podría atraer más tráfico de larga distancia que busque conexiones más fluidas dentro de Europa.
Fuente: Harianbasis