
En la madrugada del 18 de septiembre, la policía antidisturbios española, apoyada por unidades del ejército, lanzó la mayor operación de seguridad que ha visto la ciudad autónoma de Ceuta desde las masivas entradas de migrantes del 30 y 31 de julio. Al amanecer, los agentes recorrieron las playas de El Trampolín y Playa del Chorillo, donde se habían asentado durante semanas unos 10,000 migrantes, en su mayoría marroquíes y subsaharianos. Tras advertencias por megafonía, la policía disparó balas de goma al aire para dispersar a las multitudes y formó cordones para dirigir a las personas hacia la zona del puerto.
Dentro del puerto comercial de Ceuta, el Ministerio del Interior ha instalado un nuevo centro temporal de acogida con 1,700 plazas. Los hombres adultos están siendo trasladados allí para su identificación y tramitación; las mujeres y menores no acompañados, a instalaciones separadas gestionadas por el gobierno regional. Las autoridades aseguran que el objetivo es acabar con los campamentos visibles en las playas, que han acaparado la atención de los medios españoles, y comenzar los procedimientos formales de devolución o solicitud de asilo.
Las ONG de derechos humanos valoraron positivamente la retirada de las familias de la arena, pero criticaron la tardanza y la capacidad limitada del nuevo centro. Calculan que al menos 4,000 personas seguirán durmiendo en la calle a menos que se habiliten más alojamientos. El gobierno insiste en que en pocos días habrá más plazas disponibles y destaca que ya funcionan los servicios médicos y de alimentación en el puerto.
Para los negocios, la limpieza es fundamental. Las playas de Ceuta son el principal atractivo turístico de la ciudad y las prolongadas imágenes de desorden amenazaban las reservas para el otoño. Las navieras que operan la concurrida ruta de ferry Algeciras–Ceuta habían advertido sobre posibles recortes en los horarios si no mejoraba la seguridad.
La operación también envía un mensaje a los socios de Schengen, especialmente a Italia y Francia, que han reintroducido controles a viajeros procedentes de España, demostrando que Madrid puede controlar su frontera exterior. A largo plazo, el éxito de esta limpieza dependerá de la rápida tramitación de los acuerdos de devolución con Marruecos y del apoyo de la UE para la infraestructura de acogida. Si estas piezas no se concretan, la presión podría simplemente trasladarse de las playas a las saturadas calles de la ciudad, reavivando las tensiones políticas tanto en Madrid como en Bruselas.
Dentro del puerto comercial de Ceuta, el Ministerio del Interior ha instalado un nuevo centro temporal de acogida con 1,700 plazas. Los hombres adultos están siendo trasladados allí para su identificación y tramitación; las mujeres y menores no acompañados, a instalaciones separadas gestionadas por el gobierno regional. Las autoridades aseguran que el objetivo es acabar con los campamentos visibles en las playas, que han acaparado la atención de los medios españoles, y comenzar los procedimientos formales de devolución o solicitud de asilo.
Las ONG de derechos humanos valoraron positivamente la retirada de las familias de la arena, pero criticaron la tardanza y la capacidad limitada del nuevo centro. Calculan que al menos 4,000 personas seguirán durmiendo en la calle a menos que se habiliten más alojamientos. El gobierno insiste en que en pocos días habrá más plazas disponibles y destaca que ya funcionan los servicios médicos y de alimentación en el puerto.
Para los negocios, la limpieza es fundamental. Las playas de Ceuta son el principal atractivo turístico de la ciudad y las prolongadas imágenes de desorden amenazaban las reservas para el otoño. Las navieras que operan la concurrida ruta de ferry Algeciras–Ceuta habían advertido sobre posibles recortes en los horarios si no mejoraba la seguridad.
La operación también envía un mensaje a los socios de Schengen, especialmente a Italia y Francia, que han reintroducido controles a viajeros procedentes de España, demostrando que Madrid puede controlar su frontera exterior. A largo plazo, el éxito de esta limpieza dependerá de la rápida tramitación de los acuerdos de devolución con Marruecos y del apoyo de la UE para la infraestructura de acogida. Si estas piezas no se concretan, la presión podría simplemente trasladarse de las playas a las saturadas calles de la ciudad, reavivando las tensiones políticas tanto en Madrid como en Bruselas.
Fuente: Reuters