
Desde Melilla, el líder del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo, lanzó una dura crítica al gobierno de Sánchez por su gestión de la crisis en Ceuta. Dirigiéndose a la ejecutiva de su partido el 18 de septiembre, Feijóo calificó el traslado de 1.700 migrantes al campamento portuario el viernes como “la prueba de un Gobierno fuera de control” y prometió que una administración del PP desplegaría más fuerzas militares, aceleraría las expulsiones y presionaría a la UE para sancionar a Marruecos si continúan los cruces. La retórica de Feijóo supone una escalada: presentó la situación no como un fenómeno migratorio, sino como una invasión de seguridad, usando un lenguaje similar al del partido de extrema derecha Vox. El gobierno respondió calificando las declaraciones de “irresponsables” y advirtiendo que podrían avivar las tensiones locales.
Detrás de este teatro político se esconde una batalla estratégica de cara a las elecciones regionales en Galicia y las europeas de 2027, donde la gestión fronteriza será una de las principales preocupaciones de los votantes. Para los empleadores internacionales, el debate señala incertidumbre en las políticas. Una postura más dura podría significar expulsiones más rápidas, pero también una aplicación más estricta en Ceuta, donde muchas empresas mantienen almacenes y centros de llamadas que dependen de mano de obra marroquí transfronteriza. Los grupos empresariales temen que la militarización o un conflicto diplomático con Rabat puedan afectar los regímenes arancelarios especiales del enclave y los flujos diarios de trabajadores a través del paso de El Tarajal una vez que se reabra.
Diplomáticos en Bruselas señalan que el equipo de Feijóo está presionando al Partido Popular Europeo para mantener la presión sobre la Comisión en relación con el plan de regularización de julio en España, visto por los conservadores como un “factor de atracción”. Cualquier cambio en Madrid tras las elecciones nacionales de 2027 podría, por tanto, repercutir en los pactos migratorios de la UE que están en negociación. Hasta entonces, las empresas con personal asignado en Ceuta y Melilla deberían seguir de cerca el discurso político: los planes de reubicación, los procedimientos de identificación y las posibles devoluciones a Marruecos podrían afectar la disponibilidad de vivienda, las evaluaciones de riesgo de seguridad y las primas de los seguros de viaje.
Detrás de este teatro político se esconde una batalla estratégica de cara a las elecciones regionales en Galicia y las europeas de 2027, donde la gestión fronteriza será una de las principales preocupaciones de los votantes. Para los empleadores internacionales, el debate señala incertidumbre en las políticas. Una postura más dura podría significar expulsiones más rápidas, pero también una aplicación más estricta en Ceuta, donde muchas empresas mantienen almacenes y centros de llamadas que dependen de mano de obra marroquí transfronteriza. Los grupos empresariales temen que la militarización o un conflicto diplomático con Rabat puedan afectar los regímenes arancelarios especiales del enclave y los flujos diarios de trabajadores a través del paso de El Tarajal una vez que se reabra.
Diplomáticos en Bruselas señalan que el equipo de Feijóo está presionando al Partido Popular Europeo para mantener la presión sobre la Comisión en relación con el plan de regularización de julio en España, visto por los conservadores como un “factor de atracción”. Cualquier cambio en Madrid tras las elecciones nacionales de 2027 podría, por tanto, repercutir en los pactos migratorios de la UE que están en negociación. Hasta entonces, las empresas con personal asignado en Ceuta y Melilla deberían seguir de cerca el discurso político: los planes de reubicación, los procedimientos de identificación y las posibles devoluciones a Marruecos podrían afectar la disponibilidad de vivienda, las evaluaciones de riesgo de seguridad y las primas de los seguros de viaje.
Fuente: El País