
Estadísticas recientes publicadas el 23 de diciembre revelan que Bélgica alberga a más de 13,000 presos en cárceles diseñadas para 11,000, y que más del 40 % de los reclusos son extranjeros, de los cuales el 31 % carece de estatus legal de residencia.
Las cifras, reportadas inicialmente por The European Conservative, han desatado una tormenta política. El partido de oposición Vlaams Belang calificó la situación como una “bomba de tiempo” después de que una noche de este mes 672 presos durmieran en colchones en el suelo. La formación de derecha renovó su llamado para trasladar a los delincuentes extranjeros a centros penitenciarios en sus países de origen, argumentando que esto liberaría camas y reduciría las horas extras del personal penitenciario.
La ministra de Justicia, Annelies Verlinden, y la ministra de Migración, Anneleen Van Bossuyt, están explorando acuerdos bilaterales con Albania y Kosovo para construir prisiones satélite en el extranjero, una idea que Bélgica planteó en octubre tras una visita de estudio a Tirana y Pristina. Críticos de ONG de derechos humanos advierten que la detención en el extranjero podría violar las garantías fundamentales de la UE, mientras que los sindicatos penitenciarios alertan que el hacinamiento pone en riesgo la seguridad de los guardias y los programas de rehabilitación.
Para los actores de la movilidad global, este escándalo subraya la postura más estricta del gobierno belga frente a la migración irregular. Las empresas que emplean trabajadores extranjeros podrían enfrentar controles más rigurosos al patrocinar permisos de trabajo, y los nacionales de terceros países que excedan su estancia podrían ser detenidos más rápidamente en espera de su expulsión. Los abogados de inmigración prevén un aumento en las órdenes de deportación en 2026 si se libera capacidad en las cárceles.
Por ello, se recomienda a las multinacionales auditar sus procesos de cumplimiento, asegurar el registro oportuno de las tarjetas de residencia y mantener registros claros de impuestos sobre nómina y contribuciones a la seguridad social, ya que las irregularidades pueden afectar las solicitudes de renovación. Aunque no se ha presentado ningún cambio legislativo inmediato, fuentes internas creen que el gabinete De Wever incluirá medidas para facilitar las deportaciones en la propuesta presupuestaria de 2026.
Las cifras, reportadas inicialmente por The European Conservative, han desatado una tormenta política. El partido de oposición Vlaams Belang calificó la situación como una “bomba de tiempo” después de que una noche de este mes 672 presos durmieran en colchones en el suelo. La formación de derecha renovó su llamado para trasladar a los delincuentes extranjeros a centros penitenciarios en sus países de origen, argumentando que esto liberaría camas y reduciría las horas extras del personal penitenciario.
La ministra de Justicia, Annelies Verlinden, y la ministra de Migración, Anneleen Van Bossuyt, están explorando acuerdos bilaterales con Albania y Kosovo para construir prisiones satélite en el extranjero, una idea que Bélgica planteó en octubre tras una visita de estudio a Tirana y Pristina. Críticos de ONG de derechos humanos advierten que la detención en el extranjero podría violar las garantías fundamentales de la UE, mientras que los sindicatos penitenciarios alertan que el hacinamiento pone en riesgo la seguridad de los guardias y los programas de rehabilitación.
Para los actores de la movilidad global, este escándalo subraya la postura más estricta del gobierno belga frente a la migración irregular. Las empresas que emplean trabajadores extranjeros podrían enfrentar controles más rigurosos al patrocinar permisos de trabajo, y los nacionales de terceros países que excedan su estancia podrían ser detenidos más rápidamente en espera de su expulsión. Los abogados de inmigración prevén un aumento en las órdenes de deportación en 2026 si se libera capacidad en las cárceles.
Por ello, se recomienda a las multinacionales auditar sus procesos de cumplimiento, asegurar el registro oportuno de las tarjetas de residencia y mantener registros claros de impuestos sobre nómina y contribuciones a la seguridad social, ya que las irregularidades pueden afectar las solicitudes de renovación. Aunque no se ha presentado ningún cambio legislativo inmediato, fuentes internas creen que el gabinete De Wever incluirá medidas para facilitar las deportaciones en la propuesta presupuestaria de 2026.
Fuente: The European Conservative
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