
Solo cuatro meses después de que el primer ministro Keir Starmer presentara planes para hacer obligatoria una tarjeta de identidad digital única para todos los residentes en edad laboral, los ministros han dado un giro inesperado. Fuentes del gabinete confirmaron el 14 de enero que el documento —apodado “BritCard” por sus críticos— será ahora opcional, aceptándose pasaportes electrónicos y eVisas como pruebas alternativas del derecho a trabajar.
Este cambio se produce tras un duro periodo de consulta en el que grupos de defensa de las libertades civiles, sindicatos y algunos diputados laboristas se posicionaron en contra de la propuesta. Una e-petición parlamentaria contra las tarjetas de identidad obligatorias reunió casi tres millones de firmas, la mayor desde 2020. Según una encuesta interna filtrada al Financial Times, el apoyo a la medida cayó del 62 % al 31 % en solo tres meses.
La ministra de Hacienda, Rachel Reeves, reconoció que la política “debe contar con la confianza del pueblo británico”, pero insistió en que el gobierno sigue comprometido a digitalizar las verificaciones del derecho a trabajar para 2029. Los funcionarios explican que se dará acceso API a los empleadores a un portal del Ministerio del Interior para que los documentos electrónicos existentes puedan verificarse en segundos, replicando el Servicio de Verificación para Empleadores usado durante la pandemia.
Para las empresas, esta retirada elimina el riesgo inmediato de un costoso proceso de conversión de documentos, pero los equipos de recursos humanos no deben confiarse. Las verificaciones digitales serán obligatorias, y las compañías que dependan de la inspección manual de pasaportes extranjeros deberán presupuestar nuevo software y formación para el personal. Se prometen evaluaciones de impacto en la protección de datos y estándares de integración para finales de este año; los responsables de movilidad deben participar en esas consultas para asegurar que las necesidades empresariales sean escuchadas.
A largo plazo, este episodio subraya la sensibilidad política que tiene la infraestructura de identidad en el Reino Unido. Los proveedores y empleadores multinacionales que planifiquen plataformas globales de incorporación deben diseñar con flexibilidad, permitiendo que los trabajadores presenten cualquier credencial digital —ePasaporte, eVisa o BritCard— que finalmente se imponga.
Este cambio se produce tras un duro periodo de consulta en el que grupos de defensa de las libertades civiles, sindicatos y algunos diputados laboristas se posicionaron en contra de la propuesta. Una e-petición parlamentaria contra las tarjetas de identidad obligatorias reunió casi tres millones de firmas, la mayor desde 2020. Según una encuesta interna filtrada al Financial Times, el apoyo a la medida cayó del 62 % al 31 % en solo tres meses.
La ministra de Hacienda, Rachel Reeves, reconoció que la política “debe contar con la confianza del pueblo británico”, pero insistió en que el gobierno sigue comprometido a digitalizar las verificaciones del derecho a trabajar para 2029. Los funcionarios explican que se dará acceso API a los empleadores a un portal del Ministerio del Interior para que los documentos electrónicos existentes puedan verificarse en segundos, replicando el Servicio de Verificación para Empleadores usado durante la pandemia.
Para las empresas, esta retirada elimina el riesgo inmediato de un costoso proceso de conversión de documentos, pero los equipos de recursos humanos no deben confiarse. Las verificaciones digitales serán obligatorias, y las compañías que dependan de la inspección manual de pasaportes extranjeros deberán presupuestar nuevo software y formación para el personal. Se prometen evaluaciones de impacto en la protección de datos y estándares de integración para finales de este año; los responsables de movilidad deben participar en esas consultas para asegurar que las necesidades empresariales sean escuchadas.
A largo plazo, este episodio subraya la sensibilidad política que tiene la infraestructura de identidad en el Reino Unido. Los proveedores y empleadores multinacionales que planifiquen plataformas globales de incorporación deben diseñar con flexibilidad, permitiendo que los trabajadores presenten cualquier credencial digital —ePasaporte, eVisa o BritCard— que finalmente se imponga.
Fuente: AP News
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