
El mismo boletín de Compliance Watch destaca que la tan esperada reforma de Brasil en su política de visas humanitarias ya está en vigor. A partir del 1 de enero de 2026, la Ordenanza Interministerial 14/2025 deroga los programas ad hoc que anteriormente ofrecían canales de visa específicos para afganos, haitianos, ucranianos y otras nacionalidades. En su lugar, se establece un marco único que otorga a los ministerios de Justicia y Relaciones Exteriores la facultad de publicar (y actualizar) una lista de elegibilidad mediante decreto ejecutivo.
Aunque este cambio de política pasó casi desapercibido en los medios, las ONG señalan que suspende temporalmente la emisión de nuevas visas, ya que aún no se ha designado formalmente ninguna nacionalidad elegible. Los solicitantes con autorizaciones aprobadas pueden ingresar y registrarse, pero las nuevas solicitudes están en pausa.
Las multinacionales con grandes equipos de RSE o proyectos en regiones como Haití y Afganistán deben preparar planes de contingencia para evacuaciones de personal o reubicaciones temporales a través de terceros países. Los asesores en inmigración recomiendan recopilar pruebas de vulnerabilidad individual (por ejemplo, necesidades médicas o amenazas inminentes) para que los casos puedan acogerse al “permiso de residencia humanitaria” discrecional de Brasil una vez que se publiquen los criterios.
Fuentes gubernamentales informan a VisaHQ que una lista preliminar —esperada para febrero— probablemente priorizará a nacionales de Sudán, Gaza y Ucrania, reflejando las crisis geopolíticas más recientes. Hasta entonces, las ONG humanitarias deberán depender de visas de turista o estudiante, que no autorizan trabajo ni acceso a fondos federales de reasentamiento.
Los responsables de movilidad corporativa deben informar a los líderes de proyecto que los despliegues de personal local desde zonas de conflicto hacia Brasil con poca antelación podrían no ser posibles en las próximas semanas.
Aunque este cambio de política pasó casi desapercibido en los medios, las ONG señalan que suspende temporalmente la emisión de nuevas visas, ya que aún no se ha designado formalmente ninguna nacionalidad elegible. Los solicitantes con autorizaciones aprobadas pueden ingresar y registrarse, pero las nuevas solicitudes están en pausa.
Las multinacionales con grandes equipos de RSE o proyectos en regiones como Haití y Afganistán deben preparar planes de contingencia para evacuaciones de personal o reubicaciones temporales a través de terceros países. Los asesores en inmigración recomiendan recopilar pruebas de vulnerabilidad individual (por ejemplo, necesidades médicas o amenazas inminentes) para que los casos puedan acogerse al “permiso de residencia humanitaria” discrecional de Brasil una vez que se publiquen los criterios.
Fuentes gubernamentales informan a VisaHQ que una lista preliminar —esperada para febrero— probablemente priorizará a nacionales de Sudán, Gaza y Ucrania, reflejando las crisis geopolíticas más recientes. Hasta entonces, las ONG humanitarias deberán depender de visas de turista o estudiante, que no autorizan trabajo ni acceso a fondos federales de reasentamiento.
Los responsables de movilidad corporativa deben informar a los líderes de proyecto que los despliegues de personal local desde zonas de conflicto hacia Brasil con poca antelación podrían no ser posibles en las próximas semanas.
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