
A partir del 25 de febrero de 2026, todos los viajeros que ingresen al Reino Unido deberán portar un pasaporte británico o irlandés, o una autorización electrónica de viaje (ETA) válida. Sin embargo, una directiva de última hora del Ministerio del Interior establece que los ciudadanos con doble nacionalidad británica —incluyendo a los aproximadamente 250,000 residentes australianos que también tienen nacionalidad del Reino Unido— ya no podrán usar su pasaporte australiano junto con la ETA. En su lugar, deberán presentar un pasaporte británico vigente al momento del check-in o pagar £589 por un Certificado de Derecho, un documento que puede tardar semanas en ser emitido. Las aerolíneas y operadores de ferry han recibido instrucciones de negar el embarque a los pasajeros que no cumplan con esta norma.
The Guardian reporta un aumento de quejas de ciudadanos con doble nacionalidad que fueron tomados por sorpresa, muchos de ellos descubriendo el cambio solo después de haber reservado viajes por motivos de negocios, visitas familiares o vacaciones escolares. El impacto económico es especialmente fuerte para las familias: renovar cuatro pasaportes británicos desde Australia ahora cuesta más de AU$1,100, sin contar los gastos de mensajería.
El personal consular británico reconoce que los retrasos en los trámites podrían dejar a viajeros varados en Australia o en terceros países. Abogados de inmigración advierten que los australianos que renunciaron a la ciudadanía británica para obtener otra nacionalidad de la UE —algo común entre expatriados— podrían verse obligados a elegir entre trámites costosos o poner en riesgo su estatus actual.
Para los responsables de movilidad corporativa, el cambio es inmediato: deben auditar las listas de viajes de empleados, identificar al personal con nacionalidad británica latente y presupuestar renovaciones de pasaportes de emergencia o solicitudes de Certificados de Derecho. No cumplir con estas medidas implica riesgo de denegación de embarque y costosos cambios en los itinerarios, justo cuando la temporada de conferencias comienza en marzo.
The Guardian reporta un aumento de quejas de ciudadanos con doble nacionalidad que fueron tomados por sorpresa, muchos de ellos descubriendo el cambio solo después de haber reservado viajes por motivos de negocios, visitas familiares o vacaciones escolares. El impacto económico es especialmente fuerte para las familias: renovar cuatro pasaportes británicos desde Australia ahora cuesta más de AU$1,100, sin contar los gastos de mensajería.
El personal consular británico reconoce que los retrasos en los trámites podrían dejar a viajeros varados en Australia o en terceros países. Abogados de inmigración advierten que los australianos que renunciaron a la ciudadanía británica para obtener otra nacionalidad de la UE —algo común entre expatriados— podrían verse obligados a elegir entre trámites costosos o poner en riesgo su estatus actual.
Para los responsables de movilidad corporativa, el cambio es inmediato: deben auditar las listas de viajes de empleados, identificar al personal con nacionalidad británica latente y presupuestar renovaciones de pasaportes de emergencia o solicitudes de Certificados de Derecho. No cumplir con estas medidas implica riesgo de denegación de embarque y costosos cambios en los itinerarios, justo cuando la temporada de conferencias comienza en marzo.
Fuente: The Guardian
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