
En una votación histórica celebrada en Bruselas el 26 de marzo de 2026, el Parlamento Europeo aprobó una propuesta controvertida que permitirá a los estados miembros de la UE, de forma individual o en grupos, establecer centros de detención y procesamiento de migrantes fuera de las fronteras de la Unión. Conocidos informalmente como “centros de retorno”, estas instalaciones albergarán a personas cuyos pedidos de asilo hayan sido rechazados o que se consideren no elegibles para permanecer en Europa mientras se organizan los trámites para su repatriación. La medida fue aprobada con 389 votos a favor, 206 en contra y 32 abstenciones, tras un intenso debate en el pleno que dividió a la cámara según líneas ideológicas. Una coalición de partidos conservadores y de extrema derecha defendió la iniciativa, argumentando que Europa necesita procedimientos de expulsión más rápidos y predecibles para disuadir la migración irregular y aliviar la presión sobre países en primera línea como Grecia e Italia. Los grupos centristas y de izquierda se opusieron al plan, advirtiendo sobre riesgos para los derechos humanos y el peligro de externalizar las responsabilidades legales de Europa. Aunque el reglamento es de aplicación en toda la UE, su epicentro político sigue siendo Bélgica: el texto fue negociado bajo la Presidencia belga del Consejo y la votación tuvo lugar en Bruselas, situando el tema directamente en la agenda interna belga antes de las elecciones de junio. El primer ministro belga, Bart De Wever, celebró el resultado, calificándolo como “una herramienta pragmática que protege la integridad de Schengen”, mientras que el partido verde flamenco Groen acusó al gobierno federal de “vender los valores de Europa por una imagen a corto plazo”. En la práctica, cualquier estado miembro podrá ahora firmar acuerdos bilaterales con terceros países —probablemente en el norte de África o los Balcanes occidentales— para construir y operar estos centros, siempre que se respeten garantías procesales básicas. Grecia, Alemania, Países Bajos, Austria y Dinamarca ya han confirmado conversaciones exploratorias con posibles gobiernos anfitriones. Se espera que empresas especializadas en infraestructuras de detención, logística de transporte y servicios de seguridad compitan por contratos millonarios, y que los gestores de movilidad de multinacionales con operaciones en esas regiones vigilen posibles riesgos reputacionales y de cumplimiento. Para los programas globales de movilidad y viajes de negocios con sede en Bélgica, las implicaciones son tres: (1) mayor escrutinio de las cartas de patrocinio corporativo usadas en casos humanitarios y de reunificación familiar, (2) posibles retrasos en puertos y aeropuertos belgas mientras la policía federal ajusta los protocolos de control conforme a la nueva legislación, y (3) un probable aumento de protestas políticas y acciones sindicales —especialmente entre el personal de tierra aeroportuario— similares a las que siguieron a reformas previas en materia de asilo. Las empresas deberían revisar sus políticas de cuidado y protección para empleados que transiten por Bruselas y otros centros de la UE, y coordinarse con asesores en inmigración para seguir de cerca los actos de aplicación que aclararán plazos, derechos de apelación y normas de protección de datos.
Fuente: Associated Press
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