
El 25 de marzo de 2026, el gabinete federal alemán aprobó el tan esperado "Programa de Protección Climática 2026", una hoja de ruta de 67 puntos diseñada para cerrar la brecha de gases de efecto invernadero del país para 2030. Aunque el paquete abarca energía, edificios e industria, varias medidas clave afectan directamente la movilidad corporativa y los viajes internacionales.
En primer lugar, Berlín introducirá un recargo creciente de CO₂ en todos los vuelos nacionales a partir del 1 de enero de 2027, comenzando en 35 € por tramo y aumentando a 70 € para 2030. Las conexiones de menos de 600 km que cuenten con una alternativa ferroviaria viable en menos de 4 horas y media perderán inmediatamente las exenciones fiscales heredadas. El gobierno estima que este impuesto trasladará hasta un 20 % de los pasajeros de corta distancia al tren, siguiendo el ejemplo de la legislación francesa pero en un mercado más grande.
En segundo lugar, cambiará la tributación de los coches de empresa. Desde 2027, solo los vehículos cero emisiones podrán beneficiarse de la atractiva regla del 0,25 % como beneficio en especie; los híbridos enchufables se recalificarán al 0,75 % a menos que alcancen al menos 80 km de autonomía eléctrica en pruebas reales. Por tanto, los gestores de flotas de multinacionales con sede en Alemania deberán acelerar sus planes de electrificación o enfrentarse a mayores costes salariales para los empleados desplazados.
En tercer lugar, los operadores de autobuses y trenes de larga distancia tendrán acceso a un "Fondo de Innovación en Movilidad" de 1.000 millones de euros para implementar combustibles alternativos, billetes digitales y pilotos de control fronterizo automatizado compatibles con el próximo Sistema de Entrada/Salida de la UE (EES). Los aeropuertos de Frankfurt y Múnich recibirán subvenciones específicas para construir instalaciones de mezcla de e-SAF (combustible sintético para aviación), pero las aerolíneas que operen en hubs alemanes deberán comprar una mezcla mínima del 5 % de e-SAF desde 2028, aumentando al 15 % en 2030.
Para los equipos de RRHH y movilidad global, la conclusión es clara: mover personas dentro, hacia y desde Alemania será más ecológico, pero potencialmente más caro si no se actualizan las políticas. Los responsables de viajes deben prepararse para tarifas aéreas más altas en vuelos nacionales y considerar la implementación de reglas que prioricen el tren. También puede ser necesario recalibrar las asignaciones para coches de expatriados, ya que los vehículos de combustión interna perderán ventajas fiscales.
El impulso climático de Alemania se presenta así como una señal contundente para las empresas con proyección internacional: alineen sus programas de movilidad con la transición hacia una economía baja en carbono o paguen un sobrecoste.
En primer lugar, Berlín introducirá un recargo creciente de CO₂ en todos los vuelos nacionales a partir del 1 de enero de 2027, comenzando en 35 € por tramo y aumentando a 70 € para 2030. Las conexiones de menos de 600 km que cuenten con una alternativa ferroviaria viable en menos de 4 horas y media perderán inmediatamente las exenciones fiscales heredadas. El gobierno estima que este impuesto trasladará hasta un 20 % de los pasajeros de corta distancia al tren, siguiendo el ejemplo de la legislación francesa pero en un mercado más grande.
En segundo lugar, cambiará la tributación de los coches de empresa. Desde 2027, solo los vehículos cero emisiones podrán beneficiarse de la atractiva regla del 0,25 % como beneficio en especie; los híbridos enchufables se recalificarán al 0,75 % a menos que alcancen al menos 80 km de autonomía eléctrica en pruebas reales. Por tanto, los gestores de flotas de multinacionales con sede en Alemania deberán acelerar sus planes de electrificación o enfrentarse a mayores costes salariales para los empleados desplazados.
En tercer lugar, los operadores de autobuses y trenes de larga distancia tendrán acceso a un "Fondo de Innovación en Movilidad" de 1.000 millones de euros para implementar combustibles alternativos, billetes digitales y pilotos de control fronterizo automatizado compatibles con el próximo Sistema de Entrada/Salida de la UE (EES). Los aeropuertos de Frankfurt y Múnich recibirán subvenciones específicas para construir instalaciones de mezcla de e-SAF (combustible sintético para aviación), pero las aerolíneas que operen en hubs alemanes deberán comprar una mezcla mínima del 5 % de e-SAF desde 2028, aumentando al 15 % en 2030.
Para los equipos de RRHH y movilidad global, la conclusión es clara: mover personas dentro, hacia y desde Alemania será más ecológico, pero potencialmente más caro si no se actualizan las políticas. Los responsables de viajes deben prepararse para tarifas aéreas más altas en vuelos nacionales y considerar la implementación de reglas que prioricen el tren. También puede ser necesario recalibrar las asignaciones para coches de expatriados, ya que los vehículos de combustión interna perderán ventajas fiscales.
El impulso climático de Alemania se presenta así como una señal contundente para las empresas con proyección internacional: alineen sus programas de movilidad con la transición hacia una economía baja en carbono o paguen un sobrecoste.
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