
El Parlamento Europeo ha aprobado un nuevo reglamento de “retorno” que permite a los estados miembros procesar y detener a solicitantes de asilo rechazados en centros seguros ubicados fuera del territorio de la UE. Basado en el acuerdo de Italia con Albania de 2023, la norma autoriza la detención hasta por 24 meses y cambia la salida voluntaria por la salida forzosa como regla general. Mientras Alemania, Austria y Países Bajos ya buscan países socios como Kosovo y Ruanda, Francia se unió a España para expresar “serias reservas legales y éticas”. Los diplomáticos franceses temen que externalizar las expulsiones pueda violar el principio de no devolución y generar responsabilidades en materia de derechos humanos para los estados de la UE; en cambio, París aboga por pactos de readmisión más sólidos con los países de origen y decisiones de asilo más rápidas dentro de Europa. El momento es complicado: Francia aún está intentando transponer el Pacto Migratorio más amplio antes de junio y tendría que modificar su legislación interna nuevamente para aprovechar los nuevos centros. Funcionarios del Ministerio del Interior informaron a asociaciones empresariales que Francia no tiene “planes inmediatos” para usar centros offshore, lo que significa que las empresas que trasladen personal a Francia no deben esperar una expulsión más rápida de solicitantes rechazados a corto plazo. Para los gestores de movilidad, la conclusión es que los riesgos de expulsión —y por tanto las responsabilidades por estancias irregulares— seguirán gestionándose dentro de Francia en el futuro previsible. Sin embargo, si otros estados miembros trasladan casos al extranjero, las compañías que operan a través de sistemas informáticos compartidos de Schengen podrían necesitar actualizar acuerdos de protección de datos y precios de transferencia para cubrir esta nueva dimensión extraterritorial.
Fuente: Mediaterranee