
La aerolínea de bajo costo Ryanair ha enviado una carta al ministro del Interior de Italia, Matteo Piantedosi, exigiendo la suspensión inmediata del nuevo Sistema de Entrada/Salida (EES) de la Unión Europea en las fronteras italianas hasta septiembre. La compañía aérea señala que el sistema de registro biométrico, activado completamente el 10 de abril, ya ha provocado colas en el control de pasaportes de más de dos horas en Bergamo, Malpensa, Fiumicino, Ciampino, Venecia, Turín, Palermo, Pisa y Nápoles. En varios casos, estos retrasos han hecho que pasajeros pierdan vuelos y que las tripulaciones superen los límites de tiempo de servicio.
Según el EES, los ciudadanos de terceros países deben proporcionar huellas dactilares e imágenes faciales en su primera entrada al espacio Schengen dentro de un período móvil de 90 días. Ryanair argumenta que los aeropuertos italianos carecen tanto del equipamiento como del personal necesario para gestionar los volúmenes de pasajeros en temporada alta, y acusa a las autoridades de no haber aprovechado eficazmente los tres años de plazo para la implementación. La aerolínea señala a Grecia, cuyo gobierno ha pospuesto la aplicación del sistema hasta después de la temporada alta, como un modelo que Italia debería seguir.
Para los gestores de movilidad, esta advertencia es crucial. Las fechas de inicio de asignaciones en verano suelen coincidir con un aumento en los viajes familiares, por lo que contar con tiempos de paso fronterizo predecibles es fundamental para planificar traslados. Los asesores de inmigración ya recomiendan a sus clientes dejar un margen de cuatro horas entre la llegada programada y las conexiones domésticas posteriores, además de prever posibles pernoctaciones en las ciudades de entrada.
Si Roma decide aplazar el sistema, las empresas podrían enfrentarse a un mosaico de normativas en el resto de la UE. Los viajeros podrían pasar los controles italianos sin captura biométrica, pero ser detenidos para un registro completo al transitar por Alemania o Francia. Por ello, los empleadores deberían informar a su personal sobre posibles inspecciones secundarias y asegurarse de que lleven cartas de asignación y comprobantes de alojamiento.
A largo plazo, el aplazamiento daría a los aeropuertos italianos tiempo para probar quioscos de autoservicio, integrar verificaciones previas con datos de aerolíneas y contratar más agentes de la Policía de Fronteras. Sin embargo, también retrasaría los beneficios de seguridad que Bruselas espera: alertas automatizadas de estancias irregulares y datos estadísticos más rápidos sobre flujos migratorios, información cada vez más vital para la gestión de las fronteras Schengen.
Según el EES, los ciudadanos de terceros países deben proporcionar huellas dactilares e imágenes faciales en su primera entrada al espacio Schengen dentro de un período móvil de 90 días. Ryanair argumenta que los aeropuertos italianos carecen tanto del equipamiento como del personal necesario para gestionar los volúmenes de pasajeros en temporada alta, y acusa a las autoridades de no haber aprovechado eficazmente los tres años de plazo para la implementación. La aerolínea señala a Grecia, cuyo gobierno ha pospuesto la aplicación del sistema hasta después de la temporada alta, como un modelo que Italia debería seguir.
Para los gestores de movilidad, esta advertencia es crucial. Las fechas de inicio de asignaciones en verano suelen coincidir con un aumento en los viajes familiares, por lo que contar con tiempos de paso fronterizo predecibles es fundamental para planificar traslados. Los asesores de inmigración ya recomiendan a sus clientes dejar un margen de cuatro horas entre la llegada programada y las conexiones domésticas posteriores, además de prever posibles pernoctaciones en las ciudades de entrada.
Si Roma decide aplazar el sistema, las empresas podrían enfrentarse a un mosaico de normativas en el resto de la UE. Los viajeros podrían pasar los controles italianos sin captura biométrica, pero ser detenidos para un registro completo al transitar por Alemania o Francia. Por ello, los empleadores deberían informar a su personal sobre posibles inspecciones secundarias y asegurarse de que lleven cartas de asignación y comprobantes de alojamiento.
A largo plazo, el aplazamiento daría a los aeropuertos italianos tiempo para probar quioscos de autoservicio, integrar verificaciones previas con datos de aerolíneas y contratar más agentes de la Policía de Fronteras. Sin embargo, también retrasaría los beneficios de seguridad que Bruselas espera: alertas automatizadas de estancias irregulares y datos estadísticos más rápidos sobre flujos migratorios, información cada vez más vital para la gestión de las fronteras Schengen.
Fuente: ANSA