
Horas después de que comenzaran las audiencias parlamentarias sobre el Pacto de la UE, Palazzo Chigi reforzó su postura con un nuevo decreto de seguridad que endurece la política italiana sobre la migración irregular. Presentado a última hora del 24 de junio, el proyecto de ley revive la idea de un "bloqueo naval" administrativo, ahora renombrado como la facultad de intervenir en aguas territoriales hasta por 180 días, y amplía considerablemente los casos en los que extranjeros con condenas penales graves pueden ser expulsados directamente desde prisión. El decreto también reduce las vías humanitarias y de reunificación familiar. La protección por motivos humanitarios (protezione complementare) ahora exigirá cinco años de residencia regular, dominio certificado del italiano y prueba de vivienda e ingresos adecuados. Los solicitantes de reunificación familiar deberán cumplir con umbrales de ingresos más altos y presentar datos biométricos completos antes de la entrada. Los críticos califican el paquete como un "código migratorio paralelo" que podría entrar en conflicto con las garantías a nivel europeo; el gobierno insiste en que solo se trata de cubrir vacíos hasta que el Pacto esté plenamente operativo. Para los empleadores, el impacto más inmediato radica en la ampliación de las inspecciones laborales y la duplicación de multas —hasta 50 000 euros— para quienes contraten o alojen a migrantes sin los nuevos permisos electrónicos de residencia que comenzarán a implementarse en septiembre. Las multinacionales con instalaciones temporales en agricultura, logística y hostelería podrían verse obligadas a auditar rápidamente a sus subcontratistas. Funcionarios de la UE en Bruselas reaccionaron con cautela, recordando que, según las últimas recomendaciones de Schengen, los controles fronterizos internos deben eliminarse, no reforzarse. Un portavoz de la Comisión confirmó que Italia, junto con otros ocho Estados miembros, recibió a principios de mes un "dictamen" formal que insta a pasar de controles generales a inspecciones móviles basadas en inteligencia, un mensaje que parece contradecir la nueva postura rígida de Roma. El decreto entra en vigor de inmediato, pero debe convertirse en ley en un plazo de 60 días. Dado el apretado calendario, los analistas prevén intensos debates parlamentarios sobre su constitucionalidad y compatibilidad con la UE. Los especialistas en movilidad deben estar atentos a posibles enmiendas de última hora, especialmente en las secciones sobre sanciones a empleadores e intervenciones en puertos.
Fuente: La Sicilia