
En una decisión histórica de 6-3 emitida el 3 de julio, la Corte Suprema de Estados Unidos falló en el caso Mullin contra Al Otro Lado que los solicitantes de asilo que se presentan del lado mexicano de una frontera terrestre con EE. UU. no han “llegado” legalmente a Estados Unidos. Al establecer que la entrada física es el criterio definitivo, los agentes de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) podrán continuar con la controvertida práctica del “control de flujo” o “metering”, que consiste en admitir solo un número limitado de solicitantes de asilo por día y devolver al resto para que esperen en México. Esta resolución revierte la decisión del Noveno Circuito y reactiva una política iniciada durante la administración Obama, ampliada bajo el expresidente Trump y suspendida por órdenes judiciales en 2021.
El juez Samuel Alito, autor de la opinión mayoritaria, argumentó que “en el lenguaje común, uno no ha llegado hasta que ha entrado”, dejando a Congreso la libertad —pero no la obligación— de ampliar el lenguaje legal. En una dura disidencia, la jueza Sonia Sotomayor advirtió que esta decisión “costará vidas” al obligar a personas vulnerables a permanecer en campamentos fronterizos peligrosos, donde abundan agresiones, secuestros y violencia de cárteles.
Para los gestores de movilidad global, esta decisión cambia la forma en que las multinacionales trasladan a beneficiarios humanitarios, aprendices y familiares acompañantes que dependían del sistema de asilo estadounidense. Las empresas que reubican empleados en situación de riesgo desde América Latina deberán ahora planificar tiempos de espera más largos en terceros países, contratar abogados mexicanos y presupuestar solicitudes de libertad condicional humanitaria o vías de patrocinio privado en lugar de presentaciones directas en el puerto de entrada. Los programas de gestión de riesgos de viaje también deben revisar las evaluaciones de responsabilidad para asignaciones en EE. UU. que requieran desplazamientos transfronterizos.
Operativamente, el fallo otorga a CBP amplia discreción para limitar las admisiones diarias en todos los puertos terrestres, lo que significa que incluso los titulares de visa podrían enfrentar filas más largas debido a la reasignación de recursos. Las empresas que dependen de cruces frecuentes con visas B-1 o TN deben anticipar demoras ocasionales e instruir a sus viajeros a portar pruebas de la urgencia de sus actividades comerciales.
Finalmente, grupos de defensa anticipan nuevas demandas sobre si el Departamento de Seguridad Nacional formalizará esta política mediante una regulación oficial, lo que podría implicar procesos de aviso y comentarios públicos y generar aún más incertidumbre para los empleadores.
El juez Samuel Alito, autor de la opinión mayoritaria, argumentó que “en el lenguaje común, uno no ha llegado hasta que ha entrado”, dejando a Congreso la libertad —pero no la obligación— de ampliar el lenguaje legal. En una dura disidencia, la jueza Sonia Sotomayor advirtió que esta decisión “costará vidas” al obligar a personas vulnerables a permanecer en campamentos fronterizos peligrosos, donde abundan agresiones, secuestros y violencia de cárteles.
Para los gestores de movilidad global, esta decisión cambia la forma en que las multinacionales trasladan a beneficiarios humanitarios, aprendices y familiares acompañantes que dependían del sistema de asilo estadounidense. Las empresas que reubican empleados en situación de riesgo desde América Latina deberán ahora planificar tiempos de espera más largos en terceros países, contratar abogados mexicanos y presupuestar solicitudes de libertad condicional humanitaria o vías de patrocinio privado en lugar de presentaciones directas en el puerto de entrada. Los programas de gestión de riesgos de viaje también deben revisar las evaluaciones de responsabilidad para asignaciones en EE. UU. que requieran desplazamientos transfronterizos.
Operativamente, el fallo otorga a CBP amplia discreción para limitar las admisiones diarias en todos los puertos terrestres, lo que significa que incluso los titulares de visa podrían enfrentar filas más largas debido a la reasignación de recursos. Las empresas que dependen de cruces frecuentes con visas B-1 o TN deben anticipar demoras ocasionales e instruir a sus viajeros a portar pruebas de la urgencia de sus actividades comerciales.
Finalmente, grupos de defensa anticipan nuevas demandas sobre si el Departamento de Seguridad Nacional formalizará esta política mediante una regulación oficial, lo que podría implicar procesos de aviso y comentarios públicos y generar aún más incertidumbre para los empleadores.
Fuente: Human Rights Research Center
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