
Una auditoría recién publicada por el Inspector General (IG) sacudió el mundo de la seguridad en viajes de EE. UU. el viernes 18 de septiembre. El resumen no clasificado, fechado el 15 de septiembre y reportado inicialmente por Biometric Update, reveló que un proveedor que da soporte a las máquinas Credential Authentication Technology 2 (CAT-2) de la TSA podía —y en ocasiones lo hacía— extraer escaneos de alta resolución de las fotos de licencias de conducir y pasaportes de los viajeros durante tareas de mantenimiento y actualizaciones de software, todo sin que la TSA rastreara o confirmara la eliminación posterior de esas copias. El IG enfatizó que las operaciones rutinarias en los puntos de control aún eliminan los datos en segundos y que no se encontró evidencia de uso indebido.
El problema surgió en un poco conocido “túnel de servicio” que permite a los contratistas solucionar problemas de los equipos de forma remota. Debido a que la TSA no tenía una política escrita que limitara lo que los contratistas podían copiar, ni un registro de auditoría que capturara cuándo se realizaban estas extracciones, los investigadores concluyeron que esta brecha representa una “debilidad significativa” que pone en riesgo teórico la identidad de millones de viajeros.
El organismo de control emitió tres recomendaciones: reforzar el lenguaje contractual, exigir registros de acceso a prueba de manipulaciones y crear un proceso de verificación para confirmar la eliminación de cualquier imagen extraída para pruebas o reparaciones.
¿Por qué es importante para los gestores de movilidad global y viajeros frecuentes? Los lectores CAT-2 son la columna vertebral biométrica de la seguridad aérea en EE. UU.: ya hay más de 2,100 unidades desplegadas en más de 250 aeropuertos, y el presupuesto de la TSA para el año fiscal 2027 solicita al Congreso otros 41 millones de dólares para acelerar su implementación nacional. Los programas corporativos de movilidad dependen de CAT-2 para reducir minutos en las filas de seguridad para ejecutivos con poco tiempo; cualquier pérdida de confianza pública podría frenar la aprobación de nuevos carriles o llevar a los legisladores a imponer mayores restricciones de privacidad.
La TSA ha aceptado los hallazgos y asegura que ya están en marcha planes de acción correctiva, pero dos de las tres recomendaciones siguen “abiertas y sin resolver”, según el IG. Hasta que se implementen salvaguardas permanentes, los profesionales de movilidad deberían advertir a los empleados viajeros que las imágenes de pasaportes e identificaciones podrían conservarse más tiempo del anunciado durante el mantenimiento fuera de horario, y considerar ese riesgo residual en las evaluaciones de protección de datos de la empresa.
Para los viajeros, la conclusión es clara: los puntos de control biométricos siguen siendo más rápidos y generalmente seguros, pero la regulación que los rodea está poniéndose al día con la tecnología. Se esperan auditorías más estrictas —y posibles breves interrupciones— mientras la TSA corrige esta vulnerabilidad en los próximos meses.
El problema surgió en un poco conocido “túnel de servicio” que permite a los contratistas solucionar problemas de los equipos de forma remota. Debido a que la TSA no tenía una política escrita que limitara lo que los contratistas podían copiar, ni un registro de auditoría que capturara cuándo se realizaban estas extracciones, los investigadores concluyeron que esta brecha representa una “debilidad significativa” que pone en riesgo teórico la identidad de millones de viajeros.
El organismo de control emitió tres recomendaciones: reforzar el lenguaje contractual, exigir registros de acceso a prueba de manipulaciones y crear un proceso de verificación para confirmar la eliminación de cualquier imagen extraída para pruebas o reparaciones.
¿Por qué es importante para los gestores de movilidad global y viajeros frecuentes? Los lectores CAT-2 son la columna vertebral biométrica de la seguridad aérea en EE. UU.: ya hay más de 2,100 unidades desplegadas en más de 250 aeropuertos, y el presupuesto de la TSA para el año fiscal 2027 solicita al Congreso otros 41 millones de dólares para acelerar su implementación nacional. Los programas corporativos de movilidad dependen de CAT-2 para reducir minutos en las filas de seguridad para ejecutivos con poco tiempo; cualquier pérdida de confianza pública podría frenar la aprobación de nuevos carriles o llevar a los legisladores a imponer mayores restricciones de privacidad.
La TSA ha aceptado los hallazgos y asegura que ya están en marcha planes de acción correctiva, pero dos de las tres recomendaciones siguen “abiertas y sin resolver”, según el IG. Hasta que se implementen salvaguardas permanentes, los profesionales de movilidad deberían advertir a los empleados viajeros que las imágenes de pasaportes e identificaciones podrían conservarse más tiempo del anunciado durante el mantenimiento fuera de horario, y considerar ese riesgo residual en las evaluaciones de protección de datos de la empresa.
Para los viajeros, la conclusión es clara: los puntos de control biométricos siguen siendo más rápidos y generalmente seguros, pero la regulación que los rodea está poniéndose al día con la tecnología. Se esperan auditorías más estrictas —y posibles breves interrupciones— mientras la TSA corrige esta vulnerabilidad en los próximos meses.
Fuente: Biometric Update
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