
Los pasajeros a bordo del Norwegian Encore de Norwegian Cruise Line, con capacidad para 3,000 personas, enfrentaron esperas de varias horas para desembarcar en San Francisco el 29 de abril, tras una falla en el sistema de reconocimiento facial de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE. UU. (CBP). Debido a que el barco llegó desde México, todos los extranjeros —y, por la falla, también los ciudadanos estadounidenses— tuvieron que pasar por controles manuales de huellas biométricas, saturando la pequeña instalación del puerto en el Muelle 27. CBP informó que el crucero atracó con tres horas de retraso, lo que llevó las inspecciones a un horario de máxima afluencia y coincidió con la necesidad de procesar a un pasajero fallecido. Los viajeros se quejaron por la pérdida de tiempo valioso en tierra y cuestionaron por qué no se activaron planes de contingencia para escalonar el desembarque. Para los planificadores de movilidad, este incidente es un recordatorio de que los itinerarios de cruceros pueden implicar las mismas obligaciones de llegada del Formulario I-94 que los vuelos, y que fallas inesperadas en los sistemas de CBP pueden afectar eventos corporativos a bordo. Las empresas que organizan cruceros de incentivos deberían incluir tiempos de margen en los horarios de puerto y considerar la opción de trámites acelerados a través del Programa de Cruceros de CBP, cuando esté disponible. Las autoridades de San Francisco, con interés en reactivar el turismo, anunciaron que revisarán los procesos portuarios junto con CBP y Norwegian para evitar que se repita la situación. Este episodio también pone en evidencia la creciente dependencia de la agencia en la tecnología de comparación facial, donde cualquier fallo técnico puede provocar retrasos operativos en cadena.
Fuente: NBC Bay Area