
Hablando en Bogotá el 22 de mayo, el Ministro de Trabajo y Empleo de Brasil, Luiz Marinho, se unió a colegas de 22 países de América Latina y el Caribe para adoptar la Declaración de Bogotá, una nueva hoja de ruta para una migración laboral ordenada y basada en derechos en la región. El texto, firmado al cierre de la Conferencia Regional sobre Migración Laboral de dos días, compromete a los firmantes a reconocer las cualificaciones profesionales de los migrantes, abrir canales de información sobre vacantes y habilidades, y crear un fondo regional para financiar proyectos piloto que generen empleos dignos para trabajadores móviles.
Marinho aprovechó la plenaria para argumentar que la política migratoria “no puede reducirse al control fronterizo” y debe estar basada en los derechos laborales. Recordó a los delegados que la Constitución brasileña ya extiende plena protección laboral a los trabajadores migrantes, independientemente de su estatus, y exhortó a los países vecinos a converger en ese mismo principio. Brasil, dijo, brindará asistencia técnica a los países que deseen replicar su plataforma digital de permisos de trabajo Migrante Web y el modelo de inspección laboral utilizado para combatir el trabajo forzado.
Para los empleadores que operan en Sudamérica, la declaración es importante porque representa un primer paso hacia el reconocimiento mutuo de las cualificaciones profesionales, lo que podría reducir el tiempo necesario para movilizar personal entre mercados como Brasil, Colombia y Perú. Los equipos de recursos humanos también deben tener en cuenta el plan para construir una base de datos regional de habilidades en sectores estratégicos (TIC, energías renovables, salud y logística) para 2027; el intercambio de datos podría facilitar la contratación, pero impondrá nuevas obligaciones de reporte a las multinacionales.
El siguiente paso en la agenda es una reunión de expertos en Brasilia en septiembre, donde los ministerios de trabajo elaborarán indicadores comunes sobre las condiciones laborales de los migrantes. Las empresas brasileñas activas en el extranjero, así como las extranjeras que envían personal a Brasil, deberían seguir este proceso a través de asociaciones sectoriales, ya que estos indicadores probablemente influirán en futuras auditorías de cumplimiento y trámites migratorios.
En definitiva, la Declaración de Bogotá señala la intención de Brasilia de liderar la gobernanza de la movilidad en América Latina, alineándose con la estrategia más amplia del gobierno Lula de reconstruir los mecanismos de cooperación regional desmantelados en la década pasada. Las empresas que dependen del flujo transfronterizo de talento pueden esperar más —no menos— reglas regionales en los próximos años, y deben ajustar sus políticas de movilidad en consecuencia.
Marinho aprovechó la plenaria para argumentar que la política migratoria “no puede reducirse al control fronterizo” y debe estar basada en los derechos laborales. Recordó a los delegados que la Constitución brasileña ya extiende plena protección laboral a los trabajadores migrantes, independientemente de su estatus, y exhortó a los países vecinos a converger en ese mismo principio. Brasil, dijo, brindará asistencia técnica a los países que deseen replicar su plataforma digital de permisos de trabajo Migrante Web y el modelo de inspección laboral utilizado para combatir el trabajo forzado.
Para los empleadores que operan en Sudamérica, la declaración es importante porque representa un primer paso hacia el reconocimiento mutuo de las cualificaciones profesionales, lo que podría reducir el tiempo necesario para movilizar personal entre mercados como Brasil, Colombia y Perú. Los equipos de recursos humanos también deben tener en cuenta el plan para construir una base de datos regional de habilidades en sectores estratégicos (TIC, energías renovables, salud y logística) para 2027; el intercambio de datos podría facilitar la contratación, pero impondrá nuevas obligaciones de reporte a las multinacionales.
El siguiente paso en la agenda es una reunión de expertos en Brasilia en septiembre, donde los ministerios de trabajo elaborarán indicadores comunes sobre las condiciones laborales de los migrantes. Las empresas brasileñas activas en el extranjero, así como las extranjeras que envían personal a Brasil, deberían seguir este proceso a través de asociaciones sectoriales, ya que estos indicadores probablemente influirán en futuras auditorías de cumplimiento y trámites migratorios.
En definitiva, la Declaración de Bogotá señala la intención de Brasilia de liderar la gobernanza de la movilidad en América Latina, alineándose con la estrategia más amplia del gobierno Lula de reconstruir los mecanismos de cooperación regional desmantelados en la década pasada. Las empresas que dependen del flujo transfronterizo de talento pueden esperar más —no menos— reglas regionales en los próximos años, y deben ajustar sus políticas de movilidad en consecuencia.