
Los viajeros chipriotas que llegaron a los aeropuertos de Lárnaca y Pafos el 10 de julio se encontraron con los habituales puestos de control de pasaportes, en lugar de los nuevos quioscos biométricos que esta semana han paralizado varios centros europeos. La razón es sencilla: la República de Chipre aún no forma parte del espacio Schengen y, por tanto, no ha implementado el tan esperado Sistema de Entrada/Salida (EES) de la UE. Fuentes aeroportuarias confirmaron a Phileleftheros que el control fronterizo siguió funcionando con normalidad, mientras que en otros puntos de Europa los pasajeros enfrentaban colas de hasta cinco horas.
El EES registra electrónicamente la hora y el lugar en que cada ciudadano no comunitario entra o sale de la zona Schengen, capturando imágenes faciales y huellas dactilares para sustituir el tradicional sello en el pasaporte. El sistema entró en funcionamiento el 8 de julio tras varios aplazamientos debido a problemas técnicos y presiones de las aerolíneas. En menos de 48 horas, aeropuertos en Grecia, España y Alemania reportaron graves congestiones, lo que llevó a ACI Europa e IATA a solicitar a Bruselas una suspensión de emergencia para el verano. La Comisión Europea, sin embargo, ha rechazado esta petición.
Mientras Chipre ha evitado esta interrupción inmediata, las autoridades del Viceministerio de Turismo y del Departamento de Aviación Civil están vigilando de cerca la situación. Nicosia ha manifestado su intención de unirse a Schengen en esta década, y el Parlamento ya aprobó legislación para alinear las bases de datos nacionales con el Sistema de Información de Visados Schengen. Una vez que la isla se conecte al EES, las fuerzas fronterizas deberán procesar a unos cuatro millones de británicos que llegan cada año —el mayor mercado turístico de Chipre— mediante captura biométrica en su primera entrada. Los expertos advierten que las colas en temporada alta podrían convertirse en un problema si no se aseguran con anticipación más puertas electrónicas y personal.
Para las empresas, el respiro es temporal. Las multinacionales que trasladan personal a través de Chipre deberían empezar a adaptar sus políticas de viaje a las nuevas realidades de Schengen. Los viajeros frecuentes con varios pasaportes podrían tener que decidir cuál documento se registrará en el EES para evitar problemas por exceder la estancia permitida. Además, las compañías deberían prever posibles costes de formación y equipamiento si dependen de oficinas internas de viajes o servicios VIP de recepción.
Por su parte, el gobierno debe equilibrar su ambición de una integración más profunda en la UE con la necesidad práctica de mantener fluidos los canales turísticos y de expatriados, vitales para la isla. En resumen, Chipre ha ganado una victoria a corto plazo al mantenerse fuera del conflicto biométrico, pero el reloj del EES sigue corriendo, y cada retraso en Europa ofrece lecciones que la isla no puede permitirse ignorar.
El EES registra electrónicamente la hora y el lugar en que cada ciudadano no comunitario entra o sale de la zona Schengen, capturando imágenes faciales y huellas dactilares para sustituir el tradicional sello en el pasaporte. El sistema entró en funcionamiento el 8 de julio tras varios aplazamientos debido a problemas técnicos y presiones de las aerolíneas. En menos de 48 horas, aeropuertos en Grecia, España y Alemania reportaron graves congestiones, lo que llevó a ACI Europa e IATA a solicitar a Bruselas una suspensión de emergencia para el verano. La Comisión Europea, sin embargo, ha rechazado esta petición.
Mientras Chipre ha evitado esta interrupción inmediata, las autoridades del Viceministerio de Turismo y del Departamento de Aviación Civil están vigilando de cerca la situación. Nicosia ha manifestado su intención de unirse a Schengen en esta década, y el Parlamento ya aprobó legislación para alinear las bases de datos nacionales con el Sistema de Información de Visados Schengen. Una vez que la isla se conecte al EES, las fuerzas fronterizas deberán procesar a unos cuatro millones de británicos que llegan cada año —el mayor mercado turístico de Chipre— mediante captura biométrica en su primera entrada. Los expertos advierten que las colas en temporada alta podrían convertirse en un problema si no se aseguran con anticipación más puertas electrónicas y personal.
Para las empresas, el respiro es temporal. Las multinacionales que trasladan personal a través de Chipre deberían empezar a adaptar sus políticas de viaje a las nuevas realidades de Schengen. Los viajeros frecuentes con varios pasaportes podrían tener que decidir cuál documento se registrará en el EES para evitar problemas por exceder la estancia permitida. Además, las compañías deberían prever posibles costes de formación y equipamiento si dependen de oficinas internas de viajes o servicios VIP de recepción.
Por su parte, el gobierno debe equilibrar su ambición de una integración más profunda en la UE con la necesidad práctica de mantener fluidos los canales turísticos y de expatriados, vitales para la isla. En resumen, Chipre ha ganado una victoria a corto plazo al mantenerse fuera del conflicto biométrico, pero el reloj del EES sigue corriendo, y cada retraso en Europa ofrece lecciones que la isla no puede permitirse ignorar.
Fuente: Philenews