
El zar fronterizo Tom Homan confirmó el 20 de julio que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. (ICE) exigirá a sus agentes usar cámaras corporales activadas durante cada detención vehicular. El anuncio llega tras dos tiroteos fatales este mes en Texas y Maine, en los que no se contó con evidencia en video. Más de la mitad de las oficinas de campo de ICE ya cuentan con cámaras, y los fondos de un paquete de seguridad de 70 mil millones de dólares aprobado en junio acelerarán su despliegue a nivel nacional. ICE sostiene que “las cámaras corporales exoneran a más agentes de los que implican”, reforzando la transparencia y la confianza pública en la aplicación de la ley migratoria. Para los programas de movilidad corporativa, esta política podría reducir la exposición a responsabilidades cuando empleados son detenidos en ruta a sus lugares de trabajo: los registros en video pueden verificar rápidamente las conversaciones sobre estatus migratorio y la conducta de los agentes. Los empleadores deben capacitar a los trabajadores extranjeros para que mantengan la calma, cumplan con las indicaciones y registren la presencia (o ausencia) de dispositivos de grabación como parte de las orientaciones sobre riesgos de viaje. Grupos de defensa de las libertades civiles recibieron la medida con cautela, pero enfatizaron que las grabaciones deben estar accesibles para la defensa legal y organismos de supervisión para que tengan valor real. El Departamento de Seguridad Nacional aún no ha emitido directrices sobre retención o divulgación, dejando abiertas dudas sobre privacidad y acceso bajo la Ley de Libertad de Información. Se espera que la implementación se realice en fases hasta el año fiscal 2027; las empresas que operan en estados fronterizos deben anticipar posibles demoras temporales mientras los agentes se adaptan al nuevo equipo y a los procedimientos para subir evidencias.