
El médico palestino Ahmad Abu Jami, beneficiario de una beca completa para cursar un Máster en Salud Pública en el Instituto de Medicina Tropical de Amberes, no puede aceptar la oferta porque Bélgica exige que las solicitudes de visa estudiantil se presenten *en persona* en una misión diplomática. Gaza no cuenta con una representación belga, y salir del enclave requiere permisos que este joven de 28 años, bajo asedio, no puede obtener. Al menos otros seis becarios de Gaza enfrentan el mismo obstáculo. Universidades flamencas han apelado al primer ministro Bart De Wever para permitir presentaciones remotas, citando un precedente reciente en Holanda, donde fallos judiciales obligaron a La Haya a aceptar solicitudes enviadas por correo electrónico. Un tribunal belga dictaminó en mayo que la presentación remota es legal, pero el Consulado General en Jerusalén sigue rechazando expedientes electrónicos para visas de estudio. El ministro de Exteriores, Maxime Prévot, califica la situación de “problemática” pero sostiene que los controles de seguridad requieren presencia física; la ministra de Asilo, Van Bossuyt, advierte sobre riesgos de fraude. Mientras tanto, las clases comienzan en septiembre y no hay un corredor de evacuación a la vista. Este caso revela una laguna en el sistema migratorio belga, que pese a promocionar activamente sus universidades en el extranjero, carece de medidas de contingencia para zonas de conflicto. Otros países de origen —Sudán, Yemen, Ucrania— podrían enfrentar obstáculos similares. Universidades y patrocinadores de investigación deberían considerar la viabilidad de las visas al diseñar programas de becas y promover flexibilidad regulatoria. No actuar podría dañar la reputación de Bélgica como centro educativo y limitar el flujo de talento para su sector de ciencias de la vida.
Fuente: The Brussels Times