
Las tormentas primaverales paralizaron el Aeropuerto Internacional Toronto Pearson el 5 de mayo, provocando 98 retrasos y 13 cancelaciones totales en Air Canada, WestJet y Porter Airlines. Al ser Pearson el principal centro para viajes de negocios transfronterizos, la interrupción afectó a toda la red nacional, complicando las conexiones desde Vancouver hasta Halifax. Nav Canada implementó medidas de control de flujo debido a los rayos y micro ráfagas que obligaron a detener las operaciones en tierra, retrasando las salidas hasta cuatro horas. Las aerolíneas tuvieron que reubicar a sus tripulaciones, agravando los problemas meteorológicos con la falta de personal, un escenario que los analistas de aviación calificaron como una “tormenta perfecta” para la integridad de los horarios. Los vuelos internacionales a Londres, Nueva York y Dubái fueron de los más afectados, evidenciando el impacto en la movilidad global para empresas con reuniones o envíos de carga con tiempos ajustados. Según el Reglamento de Protección al Pasajero Aéreo de Canadá (APPR), los viajeros varados en Pearson tienen derecho a recibir actualizaciones cada 30 minutos, reubicación en el siguiente vuelo disponible y, en casos bajo control de la aerolínea, una compensación económica de hasta 1,000 CAD. Los gestores de viajes corporativos deben recordar a sus empleados conservar los pases de abordar y comunicaciones de la aerolínea, ya que serán necesarios para cualquier reclamación. Este episodio es el último de una serie de impactos climáticos en el sistema aéreo canadiense durante el último año, lo que genera dudas sobre la resiliencia de la infraestructura. Los grupos del sector argumentan que la configuración de plataformas y puertas en Pearson ofrece poco margen cuando las tormentas obligan a cerrar operaciones en tierra, mientras que los líderes sindicales señalan la escasez crónica de pilotos y tripulantes como un factor que agrava la situación. Con el cambio climático aumentando la frecuencia de tormentas convectivas en el sur de Ontario, las empresas podrían considerar incluir mayor flexibilidad en sus itinerarios, por ejemplo, programando reuniones clave un día después de la llegada o utilizando alternativas virtuales cuando sea posible. Las aseguradoras de viajes también están revisando sus modelos de primas ante el aumento de interrupciones operativas.
Fuente: Nomad Lawyer