
En las primeras horas del 16 de junio de 2026, un avión chárter despegó del aeropuerto de Leipzig/Halle con destino a Kabul, transportando a unos 30 ciudadanos afganos cuyos pedidos de asilo habían sido rechazados y que habían sido condenados por delitos graves —incluyendo violación y homicidio involuntario— en tribunales alemanes. Este vuelo de deportación es la segunda expulsión masiva hacia Afganistán desde que Berlín alcanzó un acuerdo directo de repatriación con el gobierno de facto liderado por los talibanes a principios de este año, eliminando la necesidad de transferencias mediadas por Qatar que se habían utilizado desde 2024.
Bajo este nuevo acuerdo, Alemania puede programar vuelos chárter sin necesidad de tramitar la documentación a través de un tercer país, siempre que Kabul otorgue el permiso de aterrizaje y acepte la presencia de escoltas de seguridad alemanes en tierra. Los ministerios federales y estatales del interior ven este mecanismo como una forma de hacer cumplir las órdenes de expulsión dictadas por los tribunales en casos con alto perfil de seguridad pública, un ámbito que ha recibido fuertes críticas por parte de la oposición desde que la toma de control talibán en 2021 suspendió las devoluciones rutinarias.
La política sigue siendo controvertida. Organizaciones de derechos humanos sostienen que Afganistán sigue siendo un lugar inseguro para los retornados y recuerdan que tres operaciones chárter anteriores tuvieron que ser canceladas de forma inesperada en mayo, cuando Kabul expresó su descontento por lo que describió como la “insuficiente implicación diplomática” de Berlín. El lunes por la noche, manifestantes volvieron a reunirse dentro del aeropuerto de Leipzig, realizando una vigilia silenciosa mientras la policía bloqueaba las zonas de observación pública.
Para empleadores, gestores de movilidad y proveedores de servicios de reubicación, este desarrollo es relevante por dos motivos. Primero, demuestra que los acuerdos bilaterales de deportación caso por caso pueden reactivarse incluso con regímenes sin reconocimiento internacional, señalando una postura alemana más estricta en la ejecución de órdenes de expulsión. Segundo, los ciudadanos afganos con condenas penales podrían enfrentar ahora una expulsión acelerada, lo que podría reducir el margen para apelaciones de última hora o solicitudes humanitarias. Por ello, las empresas que patrocinan a personal afgano deben revisar cuidadosamente el estatus migratorio y asegurarse de presentar con anticipación cualquier solicitud de extensión de permiso de residencia.
De cara al futuro, el Ministerio del Interior ha indicado que se están planificando vuelos mensuales si las condiciones operativas lo permiten. Esta medida podría incentivar a otros estados miembros de la UE a seguir canales bilaterales similares, lo que podría fragmentar la política común europea de retornos apenas días después de la entrada en vigor del nuevo Sistema Europeo Común de Asilo.
Bajo este nuevo acuerdo, Alemania puede programar vuelos chárter sin necesidad de tramitar la documentación a través de un tercer país, siempre que Kabul otorgue el permiso de aterrizaje y acepte la presencia de escoltas de seguridad alemanes en tierra. Los ministerios federales y estatales del interior ven este mecanismo como una forma de hacer cumplir las órdenes de expulsión dictadas por los tribunales en casos con alto perfil de seguridad pública, un ámbito que ha recibido fuertes críticas por parte de la oposición desde que la toma de control talibán en 2021 suspendió las devoluciones rutinarias.
La política sigue siendo controvertida. Organizaciones de derechos humanos sostienen que Afganistán sigue siendo un lugar inseguro para los retornados y recuerdan que tres operaciones chárter anteriores tuvieron que ser canceladas de forma inesperada en mayo, cuando Kabul expresó su descontento por lo que describió como la “insuficiente implicación diplomática” de Berlín. El lunes por la noche, manifestantes volvieron a reunirse dentro del aeropuerto de Leipzig, realizando una vigilia silenciosa mientras la policía bloqueaba las zonas de observación pública.
Para empleadores, gestores de movilidad y proveedores de servicios de reubicación, este desarrollo es relevante por dos motivos. Primero, demuestra que los acuerdos bilaterales de deportación caso por caso pueden reactivarse incluso con regímenes sin reconocimiento internacional, señalando una postura alemana más estricta en la ejecución de órdenes de expulsión. Segundo, los ciudadanos afganos con condenas penales podrían enfrentar ahora una expulsión acelerada, lo que podría reducir el margen para apelaciones de última hora o solicitudes humanitarias. Por ello, las empresas que patrocinan a personal afgano deben revisar cuidadosamente el estatus migratorio y asegurarse de presentar con anticipación cualquier solicitud de extensión de permiso de residencia.
De cara al futuro, el Ministerio del Interior ha indicado que se están planificando vuelos mensuales si las condiciones operativas lo permiten. Esta medida podría incentivar a otros estados miembros de la UE a seguir canales bilaterales similares, lo que podría fragmentar la política común europea de retornos apenas días después de la entrada en vigor del nuevo Sistema Europeo Común de Asilo.
Fuente: ntv/dpa
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