
Alemania ha notificado formalmente a la Comisión Europea que mantendrá los controles fronterizos internos durante un nuevo periodo de seis meses, desde el 16 de septiembre de 2026 hasta el 15 de marzo de 2027. Esta medida, publicada en la lista de controles temporales vigentes de la Comisión, abarca las nueve fronteras terrestres de Alemania con Francia, Luxemburgo, Bélgica, Países Bajos, Dinamarca, Austria, Suiza, República Checa y Polonia. Berlín justifica esta decisión por las “persistentes amenazas graves a la seguridad pública y el orden”, derivadas de la alta presión migratoria irregular, las redes de tráfico de migrantes y la saturación del sistema nacional de acogida de asilo.
Aunque las autoridades alemanas han aplicado controles policiales selectivos en una franja de 30 kilómetros desde la frontera durante años, esta decisión implica que los controles sistemáticos seguirán siendo la norma en los principales pasos fronterizos por carretera y ferrocarril. Por ello, viajeros de negocios y operadores logísticos deberán seguir considerando inspecciones documentales, posibles colas y tiempos de viaje más largos al cruzar las fronteras interiores de Schengen en Alemania.
Desde la perspectiva de la movilidad corporativa, esta extensión tiene tres implicaciones inmediatas. Primero, las empresas que gestionan cadenas de suministro just-in-time hacia países vecinos de la UE deberán prever márgenes de tiempo y preparar a sus conductores. Segundo, los trabajadores desplazados y los trabajadores transfronterizos deberán portar pasaportes o documentos de identidad válidos, además de pruebas de empleo, para evitar retrasos. Tercero, los departamentos de recursos humanos deben anticipar que continuarán las inspecciones aleatorias de las notificaciones de trabajadores desplazados bajo la Ley alemana del Salario Mínimo, que a menudo se realizan junto con los controles fronterizos por parte de la aduana.
En el plano político, esta medida indica que Berlín, junto con Viena y Varsovia, probablemente no levantará los controles hasta que la UE finalice la esperada reforma del Código de Fronteras de Schengen y el Nuevo Pacto sobre Migración y Asilo. La decisión también coincide con la víspera de la cumbre anual de seguridad migratoria de la Policía Federal en Potsdam, reforzando la narrativa gubernamental de seguridad antes del debate presupuestario federal de 2027.
En términos prácticos, los viajeros que entren a Alemania por vía aérea desde otro país Schengen no se verán afectados, ya que la medida se limita a las fronteras terrestres. Sin embargo, las aerolíneas que transporten pasajeros en conexión desde fuera de Schengen deberían advertir que pueden realizarse controles aleatorios de salida en el lado alemán, especialmente en los aeropuertos de Múnich y Fráncfort. Las empresas que planifiquen eventos o grandes rotaciones de personal en Navidad o Carnaval deberían incluir tiempo adicional para los desplazamientos en sus políticas de movilidad.
Aunque las autoridades alemanas han aplicado controles policiales selectivos en una franja de 30 kilómetros desde la frontera durante años, esta decisión implica que los controles sistemáticos seguirán siendo la norma en los principales pasos fronterizos por carretera y ferrocarril. Por ello, viajeros de negocios y operadores logísticos deberán seguir considerando inspecciones documentales, posibles colas y tiempos de viaje más largos al cruzar las fronteras interiores de Schengen en Alemania.
Desde la perspectiva de la movilidad corporativa, esta extensión tiene tres implicaciones inmediatas. Primero, las empresas que gestionan cadenas de suministro just-in-time hacia países vecinos de la UE deberán prever márgenes de tiempo y preparar a sus conductores. Segundo, los trabajadores desplazados y los trabajadores transfronterizos deberán portar pasaportes o documentos de identidad válidos, además de pruebas de empleo, para evitar retrasos. Tercero, los departamentos de recursos humanos deben anticipar que continuarán las inspecciones aleatorias de las notificaciones de trabajadores desplazados bajo la Ley alemana del Salario Mínimo, que a menudo se realizan junto con los controles fronterizos por parte de la aduana.
En el plano político, esta medida indica que Berlín, junto con Viena y Varsovia, probablemente no levantará los controles hasta que la UE finalice la esperada reforma del Código de Fronteras de Schengen y el Nuevo Pacto sobre Migración y Asilo. La decisión también coincide con la víspera de la cumbre anual de seguridad migratoria de la Policía Federal en Potsdam, reforzando la narrativa gubernamental de seguridad antes del debate presupuestario federal de 2027.
En términos prácticos, los viajeros que entren a Alemania por vía aérea desde otro país Schengen no se verán afectados, ya que la medida se limita a las fronteras terrestres. Sin embargo, las aerolíneas que transporten pasajeros en conexión desde fuera de Schengen deberían advertir que pueden realizarse controles aleatorios de salida en el lado alemán, especialmente en los aeropuertos de Múnich y Fráncfort. Las empresas que planifiquen eventos o grandes rotaciones de personal en Navidad o Carnaval deberían incluir tiempo adicional para los desplazamientos en sus políticas de movilidad.
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