
Activistas antimilitaristas realizaron manifestaciones itinerantes en Turín el 21 de febrero de 2026, denunciando al prestigioso Politécnico de la ciudad por colaborar con la agencia fronteriza europea Frontex en la elaboración de mapas para la vigilancia marítima. Según el diario regional l’Adige, los manifestantes desplegaron pancartas con el lema “Politécnico cómplice de las guerras” y pintaron con spray consignas que acusaban a la universidad de realizar “investigación bélica” destinada a bloquear las rutas de rescate de migrantes en el Mediterráneo. La protesta, que luego se trasladó a la planta aeroespacial Safran (antigua Collins), vinculó la investigación académica con la política europea de endurecimiento de las fronteras exteriores. Frontex financia proyectos de análisis de datos que combinan imágenes satelitales con inteligencia artificial para predecir salidas de embarcaciones migrantes, una capacidad que los críticos señalan como facilitadora de devoluciones en caliente en lugar de operaciones de búsqueda y rescate. Los manifestantes exigieron “fronteras abiertas para desertores” de conflictos como el de Ucrania y pidieron el fin de los contratos públicos que “militarizan la migración”. Para los centros multinacionales de I+D, el incidente es un recordatorio de que los riesgos en materia de ESG y licencia social pueden surgir de colaboraciones aparentemente técnicas. Las empresas que colaboran con universidades italianas en proyectos aéreos o geoespaciales deben esperar un escrutinio más riguroso sobre aplicaciones de doble uso. Investigadores patrocinados por visados provenientes de países en conflicto también podrían enfrentar presiones reputacionales o acoso. La universidad no ha hecho más comentarios que afirmar que toda la investigación cumple con la legislación europea. Sin embargo, el episodio coincide con el debate en curso sobre la reforma de Schengen en la UE y el proyecto de ley de inmigración de Italia, convirtiendo los contratos de seguridad fronteriza en un punto álgido de cara a las elecciones regionales.
Fuente: l’Adige