
Reuters ha obtenido un correo interno que instruye a las oficinas de campo de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) sobre cómo manejar las denuncias de mala conducta contra miles de agentes recién contratados cuyos antecedentes aún no han sido verificados. La directriz, difundida a principios de esta semana y confirmada por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) a los periodistas el 26 de febrero, menciona un “alto volumen de nuevas contrataciones” impulsado por la orden de deportaciones masivas del presidente Trump.
En 2025, ICE incorporó aproximadamente 12,000 agentes de seguridad, un aumento del 60% en su plantilla, pero una base de datos federal muestra un incremento neto de solo 6,200 tras descontar bajas. Según el memorándum, los supervisores de campo deben remitir cualquier información negativa sobre los reclutas a la Unidad de Investigaciones de Integridad de la agencia; ejemplos incluyen afiliación previa a pandillas, órdenes de arresto pendientes o despidos de otros departamentos policiales.
Esta situación tiene consecuencias prácticas para la movilidad global. Empresas que trasladan empleados entre estados han reportado redadas laborales impredecibles, ya que agentes inexpertos saturan las auditorías de E-Verify y las inspecciones de formularios I-9. Expertos en derecho laboral temen que la contratación apresurada pueda replicar los escándalos de corrupción que afectaron a la Patrulla Fronteriza tras su expansión en los años 2000.
El DHS minimiza las preocupaciones, asegurando que todos los agentes pasan por un “proceso continuo de evaluación”, pero los legisladores se muestran escépticos. Miembros del Comité Judicial del Senado han solicitado una revisión por parte del inspector general sobre el proceso de incorporación y capacitación de ICE. Mientras tanto, los equipos de cumplimiento corporativo están actualizando materiales de “Conozca sus derechos” y protocolos de respuesta ante emergencias por si se intensifican las acciones de control en los lugares de trabajo.
En 2025, ICE incorporó aproximadamente 12,000 agentes de seguridad, un aumento del 60% en su plantilla, pero una base de datos federal muestra un incremento neto de solo 6,200 tras descontar bajas. Según el memorándum, los supervisores de campo deben remitir cualquier información negativa sobre los reclutas a la Unidad de Investigaciones de Integridad de la agencia; ejemplos incluyen afiliación previa a pandillas, órdenes de arresto pendientes o despidos de otros departamentos policiales.
Esta situación tiene consecuencias prácticas para la movilidad global. Empresas que trasladan empleados entre estados han reportado redadas laborales impredecibles, ya que agentes inexpertos saturan las auditorías de E-Verify y las inspecciones de formularios I-9. Expertos en derecho laboral temen que la contratación apresurada pueda replicar los escándalos de corrupción que afectaron a la Patrulla Fronteriza tras su expansión en los años 2000.
El DHS minimiza las preocupaciones, asegurando que todos los agentes pasan por un “proceso continuo de evaluación”, pero los legisladores se muestran escépticos. Miembros del Comité Judicial del Senado han solicitado una revisión por parte del inspector general sobre el proceso de incorporación y capacitación de ICE. Mientras tanto, los equipos de cumplimiento corporativo están actualizando materiales de “Conozca sus derechos” y protocolos de respuesta ante emergencias por si se intensifican las acciones de control en los lugares de trabajo.
Fuente: The Guardian (via Reuters)
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