
En una opinión contundente publicada el 17 de julio, la Comisión Europea instó a nueve Estados miembros, entre ellos Austria, a poner fin a la prolongada reintroducción de controles en sus fronteras internas del espacio Schengen. Viena ha realizado controles en sus fronteras con Hungría, Eslovenia, República Checa y Eslovaquia casi de forma continua desde la crisis migratoria de 2015, alegando motivos de seguridad y migración irregular.
Aunque reconoce que cada país enfrenta presiones distintas, la Comisión señala que existen alternativas modernas —como patrullas móviles de policía, escaneo biométrico de vehículos y el uso completo del nuevo Sistema de Entrada/Salida de la UE— que pueden sustituir a los puntos de control fijos. Según el Código de Fronteras Schengen, los controles internos temporales no deberían superar los dos años, salvo que sean “estrictamente necesarios y proporcionales”. Sin embargo, varios Estados, incluido Austria, los han renovado durante más de una década mediante notificaciones sucesivas.
Para los trabajadores transfronterizos y operadores de la cadena de suministro, este debate político tiene costos reales. La Cámara Federal de Economía de Austria estima que los tiempos de espera para el transporte de mercancías en el paso de Spielfeld (Eslovenia) generan 14 millones de euros anuales en gastos de mano de obra y combustible. Además, las empresas que trasladan personal dentro de Europa Central enfrentan incertidumbre legal sobre el registro de residencia cuando los viajes rutinarios se ven interrumpidos por controles aleatorios.
El ministro del Interior, Gerhard Karner, defendió la postura de Viena, argumentando que la migración secundaria a través de los Balcanes occidentales sigue siendo alta a pesar del nuevo Pacto Europeo sobre Migración y Asilo. No obstante, las asociaciones empresariales han valorado positivamente la presión de la Comisión, señalando que el sector exportador austríaco depende de flujos de camiones just-in-time hacia y desde plantas vecinas.
Ahora la decisión está en manos del Consejo de la UE. Si Austria decide mantener los controles más allá de noviembre —cuando vence su notificación actual— deberá presentar una nueva evaluación de riesgos y podría enfrentarse a procedimientos de infracción. Las multinacionales con plantillas móviles deberían seguir de cerca este calendario y aconsejar a sus empleados llevar pasaportes o documentos de identidad incluso cuando viajen dentro de Schengen.
Aunque reconoce que cada país enfrenta presiones distintas, la Comisión señala que existen alternativas modernas —como patrullas móviles de policía, escaneo biométrico de vehículos y el uso completo del nuevo Sistema de Entrada/Salida de la UE— que pueden sustituir a los puntos de control fijos. Según el Código de Fronteras Schengen, los controles internos temporales no deberían superar los dos años, salvo que sean “estrictamente necesarios y proporcionales”. Sin embargo, varios Estados, incluido Austria, los han renovado durante más de una década mediante notificaciones sucesivas.
Para los trabajadores transfronterizos y operadores de la cadena de suministro, este debate político tiene costos reales. La Cámara Federal de Economía de Austria estima que los tiempos de espera para el transporte de mercancías en el paso de Spielfeld (Eslovenia) generan 14 millones de euros anuales en gastos de mano de obra y combustible. Además, las empresas que trasladan personal dentro de Europa Central enfrentan incertidumbre legal sobre el registro de residencia cuando los viajes rutinarios se ven interrumpidos por controles aleatorios.
El ministro del Interior, Gerhard Karner, defendió la postura de Viena, argumentando que la migración secundaria a través de los Balcanes occidentales sigue siendo alta a pesar del nuevo Pacto Europeo sobre Migración y Asilo. No obstante, las asociaciones empresariales han valorado positivamente la presión de la Comisión, señalando que el sector exportador austríaco depende de flujos de camiones just-in-time hacia y desde plantas vecinas.
Ahora la decisión está en manos del Consejo de la UE. Si Austria decide mantener los controles más allá de noviembre —cuando vence su notificación actual— deberá presentar una nueva evaluación de riesgos y podría enfrentarse a procedimientos de infracción. Las multinacionales con plantillas móviles deberían seguir de cerca este calendario y aconsejar a sus empleados llevar pasaportes o documentos de identidad incluso cuando viajen dentro de Schengen.
Fuente: EUCrim
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