
El Consejo de Ministros de Italia actuó rápidamente la noche del 31 de julio para invocar el Artículo 28 del Código de Fronteras Schengen, restableciendo los controles de pasaporte en todas las conexiones aéreas y marítimas con España por un período inicial de 30 días. El ministro del Interior, Matteo Piantedosi, calificó la medida como “proporcionada y temporal”, pero necesaria tras la llegada estimada de entre 50,000 y 60,000 personas que cruzaron desde Marruecos hacia la enclave española de Ceuta en menos de 48 horas.
Aunque Ceuta no forma parte de la ruta terrestre italiana, Roma teme que el sistema de acogida español pueda saturarse, lo que podría desencadenar movimientos secundarios hacia Italia en plena temporada alta de viajes de verano. Según el decreto, las compañías que operan vuelos y ferris entre ambos países deben enviar las listas de pasajeros a la policía fronteriza italiana al menos dos horas antes de la salida.
Los viajeros se enfrentarán a controles aleatorios de pasaporte a su llegada; los ciudadanos de la UE podrán usar los e-gates, mientras que los nacionales de terceros países serán dirigidos a cabinas manuales. Los requisitos de visado permanecen sin cambios, pero los pasajeros no comunitarios que transiten por España rumbo a Italia deberán prever tiempo extra para las conexiones.
Grupos de viajes de negocios han instado a las empresas a informar a sus empleados y ajustar los itinerarios. El operador del aeropuerto de Fiumicino, ADR, anunció la reapertura de seis quioscos de inmigración inactivos y la redistribución de 80 empleados para minimizar las colas. La asociación comercial Assaeroporti advirtió que los tiempos de procesamiento en vuelos Madrid-Milán y Barcelona-Roma podrían duplicarse en picos de afluencia si no se asigna más personal policial.
Políticamente, la medida es bien recibida por la base de derecha de la primera ministra Giorgia Meloni, aunque ya ha recibido críticas de la Comisión Europea, que recordó a Italia que los controles internos deben ser “estrictamente necesarios” y revisados cada diez días. El ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, calificó la decisión de “desproporcionada y confusa”, señalando que Ceuta forma parte de Schengen y que casi 48,000 migrantes ya han regresado a Marruecos.
No obstante, Francia anunció patrullas conjuntas con Italia en la frontera de Ventimiglia, reflejando una preocupación regional más amplia. Para los gestores de movilidad global, la conclusión inmediata es operativa más que legal: los vuelos seguirán operando y los visados Schengen seguirán siendo válidos, pero la entrada a Italia dejará de ser un trámite sencillo para los pasajeros procedentes de España. Las empresas deben prever tiempos de espera, mantener a mano comprobantes de alojamiento y billetes de continuación, y estar atentas a una posible extensión de la medida más allá de los 30 días iniciales.
Aunque Ceuta no forma parte de la ruta terrestre italiana, Roma teme que el sistema de acogida español pueda saturarse, lo que podría desencadenar movimientos secundarios hacia Italia en plena temporada alta de viajes de verano. Según el decreto, las compañías que operan vuelos y ferris entre ambos países deben enviar las listas de pasajeros a la policía fronteriza italiana al menos dos horas antes de la salida.
Los viajeros se enfrentarán a controles aleatorios de pasaporte a su llegada; los ciudadanos de la UE podrán usar los e-gates, mientras que los nacionales de terceros países serán dirigidos a cabinas manuales. Los requisitos de visado permanecen sin cambios, pero los pasajeros no comunitarios que transiten por España rumbo a Italia deberán prever tiempo extra para las conexiones.
Grupos de viajes de negocios han instado a las empresas a informar a sus empleados y ajustar los itinerarios. El operador del aeropuerto de Fiumicino, ADR, anunció la reapertura de seis quioscos de inmigración inactivos y la redistribución de 80 empleados para minimizar las colas. La asociación comercial Assaeroporti advirtió que los tiempos de procesamiento en vuelos Madrid-Milán y Barcelona-Roma podrían duplicarse en picos de afluencia si no se asigna más personal policial.
Políticamente, la medida es bien recibida por la base de derecha de la primera ministra Giorgia Meloni, aunque ya ha recibido críticas de la Comisión Europea, que recordó a Italia que los controles internos deben ser “estrictamente necesarios” y revisados cada diez días. El ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, calificó la decisión de “desproporcionada y confusa”, señalando que Ceuta forma parte de Schengen y que casi 48,000 migrantes ya han regresado a Marruecos.
No obstante, Francia anunció patrullas conjuntas con Italia en la frontera de Ventimiglia, reflejando una preocupación regional más amplia. Para los gestores de movilidad global, la conclusión inmediata es operativa más que legal: los vuelos seguirán operando y los visados Schengen seguirán siendo válidos, pero la entrada a Italia dejará de ser un trámite sencillo para los pasajeros procedentes de España. Las empresas deben prever tiempos de espera, mantener a mano comprobantes de alojamiento y billetes de continuación, y estar atentas a una posible extensión de la medida más allá de los 30 días iniciales.
Fuente: El País
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