
A partir del lunes 14 de septiembre de 2026, cualquier persona que se comporte de manera inapropiada en un aeropuerto o avión brasileño podrá ser suspendida hasta por 12 meses y multada con 17.500 reales, según la nueva Resolución 800/2026 de la Agencia Nacional de Aviación Civil (ANAC). Esta normativa, publicada a principios de año y ahora en vigor, establece un sistema de tres niveles que clasifica los incidentes como ordinarios, graves o muy graves. Las conductas ordinarias, como negarse a guardar dispositivos electrónicos, recibirán una advertencia inmediata por parte de la aerolínea. Los actos graves, como gritar amenazas o fumar a bordo, permiten a la aerolínea retirar al pasajero y aplicar automáticamente la multa fija. Las conductas muy graves —agresiones físicas, acoso sexual, daños a equipos de seguridad o intentos de ingresar a la cabina— pueden conllevar la suspensión nacional del derecho a abordar por seis o doce meses. Para hacer cumplir estas sanciones, las aerolíneas acordaron compartir datos en tiempo real y mantener una lista nacional única de pasajeros prohibidos. Las compañías deben notificar al pasajero sobre cualquier sanción y garantizar el derecho a un debido proceso, aunque el director general de ANAC, Tiago Faierstein, reconoce que esperan una oleada de demandas y ya han preparado una estrategia legal. Esta medida llega tras un récord de 1.764 casos de indisciplina de pasajeros en 2025, un aumento del 66 % en un año. Las aerolíneas brasileñas estiman que cada desvío causado por conductas disruptivas genera costos entre 80.000 y 150.000 reales en combustible, tripulación y reubicación de pasajeros. Los gestores de viajes corporativos aplauden la postura más estricta, señalando que un ambiente predecible en cabina es esencial para cumplir con agendas empresariales exigentes. Los asesores en riesgos de viaje recomiendan que las multinacionales informen a su personal sobre las nuevas sanciones, ya que una prohibición a mitad del viaje podría dejar a un empleado varado e invalidar billetes posteriores comprados bajo la misma reserva. Las normas brasileñas reflejan una tendencia global: la FAA de EE. UU. adoptó una política de tolerancia cero en 2021 y la UE debate listas negras transfronterizas. Para las empresas cuyos empleados viajan frecuentemente entre São Paulo, Brasilia y otros centros regionales, el mensaje es claro: el comportamiento disruptivo ya no es solo un problema de imagen, sino que puede afectar tanto carreras profesionales como vuelos.
Fuente: Agência Brasil