
Ocho meses después de que el proyecto de ley C-3 reformara la Ley de Ciudadanía de Canadá, surgen dudas entre las aproximadamente 300,000 personas que ahora son elegibles para la ciudadanía por descendencia: ¿podría un futuro gobierno revertir esta medida y quitarles su estatus? Un análisis legal detallado publicado el 20 de septiembre por CIC News responde que la respuesta corta es no, al menos no de forma retroactiva. El proyecto de ley C-3, vigente desde el 15 de diciembre de 2025, eliminó el límite de primera generación que impedía a los canadienses nacidos en el extranjero transmitir la ciudadanía a sus hijos nacidos fuera del país, siempre que estos puedan demostrar 1,095 días de conexión sustantiva con Canadá. La reforma ha sido bien recibida por familias multinacionales y profesionales que viajan entre Estados Unidos y Canadá, pero también ha generado una reacción política entre comentaristas antiinmigración. Andrea Dong, socia de Cohen Immigration Law, explicó a CIC News que, aunque cualquier Parlamento puede modificar la legislación, los tribunales canadienses y la tradición política se oponen firmemente a la pérdida retroactiva de la ciudadanía. Cuando Ottawa impuso el límite de primera generación en 2009, todos los canadienses que ya tenían la ciudadanía la conservaron. Por ello, Dong espera que cualquier futura enmienda se aplique hacia adelante: “Quienes ya hayan sido reconocidos como ciudadanos bajo el proyecto de ley C-3 casi con seguridad seguirán siéndolo”. ¿Por qué es importante esto para los gestores de movilidad global? Porque la ciudadanía ofrece un nivel de movilidad laboral y simplicidad fiscal para quienes cruzan fronteras que ni siquiera la residencia permanente puede igualar. Ejecutivos estadounidenses que descubran que son canadienses por descendencia pueden vivir y trabajar en cualquiera de los dos países sin permisos NAFTA (CUSMA), inscribir a sus hijos en escuelas canadienses con tarifas locales y acceder a más de 35 acuerdos de visas de movilidad juvenil en todo el mundo. Por ello, las organizaciones que planifican asignaciones o expansiones en Norteamérica pueden considerar el proyecto de ley C-3 como una norma establecida. El artículo también aclara que las controvertidas “cartas de renuncia” de IRCC de junio de 2026, que solicitaron a un pequeño grupo de solicitantes devolver certificados de ciudadanía emitidos por error, afectaron solo alrededor del 1% de los casos y no reabrieron expedientes ya resueltos. Para quienes aspiran a la ciudadanía, la recomendación práctica es centrarse en la documentación: cada vínculo generacional debe probarse con registros civiles primarios, y los retrasos en los trámites siguen siendo significativos. En resumen, aunque la retórica política pueda intensificarse, los fundamentos legales de las nuevas reglas de ciudadanía son sólidos. Los equipos de recursos humanos y los asesores migratorios pueden incorporar con confianza las vías de ciudadanía por descendencia en sus estrategias de talento a largo plazo, sabiendo que una reversión requeriría años de proceso parlamentario y casi con seguridad protegería a los ciudadanos ya reconocidos.
Fuente: CIC News