
La tanto esperada regularización extraordinaria en España se abrió hace menos de diez días y ya se empiezan a notar las tensiones en el sistema. Desde las oficinas del consorcio regional de transporte de Madrid hasta los ayuntamientos de Barcelona, Girona y Sevilla, migrantes en situación irregular hacen filas antes del amanecer con la esperanza de conseguir una de las codiciadas citas que les permitan presentar su documentación.
Aprobado por el Real Decreto 316/2026, el programa ofrece un permiso de residencia y trabajo por un año a extranjeros que puedan demostrar que vivían en España antes del 31 de diciembre de 2025, que han permanecido en el país al menos cinco meses consecutivos y que no tienen antecedentes penales. El Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migración espera que “al menos 500.000” personas se beneficien, aunque el think-tank FUNCAS calcula que podrían ser hasta 840.000.
Para hacer frente a la demanda, el gobierno ha habilitado 436 ventanillas en la red de la Seguridad Social, oficinas de Correos y cinco oficinas de Extranjería dedicadas, además de un nuevo portal online para gestionar citas digitales. Sin embargo, las ONG denuncian que muchos solicitantes no tienen certificado digital o tienen dificultades con el sistema Cl@ve; otros se quejan de que las primeras citas presenciales disponibles son a finales de mayo, reduciendo el periodo efectivo para presentar solicitudes —que cierra el 30 de junio— a apenas seis semanas.
Para los empleadores, el programa puede ser un cambio radical. Sectores que dependen en gran medida del trabajo no declarado —hostelería, trabajo doméstico, agricultura, construcción y logística de última milla— podrían formalizar a decenas de miles de trabajadores, aumentando las cotizaciones a la Seguridad Social y ampliando la base fiscal. Pero los responsables de recursos humanos advierten que las verificaciones legales, pruebas de residencia y documentación adicional (como certificados de transporte público o empadronamientos) pueden tardar días en recopilarse. Por ello, las empresas que patrocinan candidatos aconsejan iniciar los trámites de inmediato y prever gastos legales de entre 300 y 800 euros por expediente.
Políticamente, la iniciativa ha reabierto la eterna división migratoria en España. La coalición del presidente Pedro Sánchez sostiene que sacar a los trabajadores de la economía sumergida aumentará los ingresos y mejorará la cohesión social; mientras, el Partido Popular acusa al decreto de “premiar la ilegalidad” y de saturar los servicios públicos. Al otro lado de los Pirineos, el candidato presidencial francés Bruno Retailleau ha amenazado con “aislar a España” en la UE si la regularización sigue adelante, una postura que los centristas franceses han calificado de “irresponsable”.
Sea cual sea la retórica, las próximas diez semanas serán decisivas para saber si España puede gestionar la mayor regularización única que Europa ha visto en dos décadas sin colapsar bajo su propia burocracia.
Aprobado por el Real Decreto 316/2026, el programa ofrece un permiso de residencia y trabajo por un año a extranjeros que puedan demostrar que vivían en España antes del 31 de diciembre de 2025, que han permanecido en el país al menos cinco meses consecutivos y que no tienen antecedentes penales. El Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migración espera que “al menos 500.000” personas se beneficien, aunque el think-tank FUNCAS calcula que podrían ser hasta 840.000.
Para hacer frente a la demanda, el gobierno ha habilitado 436 ventanillas en la red de la Seguridad Social, oficinas de Correos y cinco oficinas de Extranjería dedicadas, además de un nuevo portal online para gestionar citas digitales. Sin embargo, las ONG denuncian que muchos solicitantes no tienen certificado digital o tienen dificultades con el sistema Cl@ve; otros se quejan de que las primeras citas presenciales disponibles son a finales de mayo, reduciendo el periodo efectivo para presentar solicitudes —que cierra el 30 de junio— a apenas seis semanas.
Para los empleadores, el programa puede ser un cambio radical. Sectores que dependen en gran medida del trabajo no declarado —hostelería, trabajo doméstico, agricultura, construcción y logística de última milla— podrían formalizar a decenas de miles de trabajadores, aumentando las cotizaciones a la Seguridad Social y ampliando la base fiscal. Pero los responsables de recursos humanos advierten que las verificaciones legales, pruebas de residencia y documentación adicional (como certificados de transporte público o empadronamientos) pueden tardar días en recopilarse. Por ello, las empresas que patrocinan candidatos aconsejan iniciar los trámites de inmediato y prever gastos legales de entre 300 y 800 euros por expediente.
Políticamente, la iniciativa ha reabierto la eterna división migratoria en España. La coalición del presidente Pedro Sánchez sostiene que sacar a los trabajadores de la economía sumergida aumentará los ingresos y mejorará la cohesión social; mientras, el Partido Popular acusa al decreto de “premiar la ilegalidad” y de saturar los servicios públicos. Al otro lado de los Pirineos, el candidato presidencial francés Bruno Retailleau ha amenazado con “aislar a España” en la UE si la regularización sigue adelante, una postura que los centristas franceses han calificado de “irresponsable”.
Sea cual sea la retórica, las próximas diez semanas serán decisivas para saber si España puede gestionar la mayor regularización única que Europa ha visto en dos décadas sin colapsar bajo su propia burocracia.
Fonte: The Guardian / APD.cat
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