
BRUSELAS/TURÍN—El Pacto de Migración y Asilo de la Unión Europea, largamente negociado, se convirtió en ley el 12 de junio, iniciando un plazo de un año para su implementación. La corresponsalía de La Stampa en Bruselas informa que la Comisión Europea sitúa a Italia entre los 11 estados miembros que requieren “mejoras urgentes en la capacidad” de sus infraestructuras para el control fronterizo y las unidades de transferencia según el Reglamento de Dublín.
Las principales novedades incluyen la obligatoriedad del control biométrico en el primer punto de entrada, decisiones aceleradas sobre asilo en un plazo máximo de 12 semanas, y un mecanismo de solidaridad que obliga a otros países a aceptar reubicaciones o a pagar 20.000 euros por cada traslado rechazado. Para 2026, la Comisión ha asignado a Italia, España, Grecia y Chipre hasta 21.000 redistribuciones, con un apoyo financiero de 420 millones de euros, pero solo si pueden tramitar los casos con rapidez.
Desde la perspectiva de la movilidad, el Pacto establece nuevos puntos operativos en puertos y aeropuertos. Los visitantes de negocios procedentes de países con bajo riesgo de asilo deberían experimentar pocas dificultades, aunque las empresas que trasladen personal desde jurisdicciones consideradas “países seguros” (como India, Túnez o Marruecos) podrían enfrentar controles secundarios más estrictos. Los abogados corporativos prevén un aumento en las denegaciones de permisos de residencia cuando los familiares presenten solicitudes fuera de plazo, debido a criterios más rigurosos de “inadmisibilidad”.
El Ministerio del Interior asegura que ya se trabaja en la ampliación de las estaciones biométricas Eurodac en Lampedusa, Bari y Trieste, aunque los sindicatos advierten que los planes de personal no están a la altura de los picos de llegadas previstas para el verano. Hasta que los sistemas se estabilicen, los empleadores deberán prever tiempos adicionales para la tramitación de permisos Blue Card y de transferencias intraempresariales (ICT) en las prefecturas fronterizas.
Las reacciones políticas son diversas: el gobierno de Meloni celebra el endurecimiento de los controles, pero acusa a Bruselas de insuficiente financiación; las ONG anuncian recursos legales para proteger los derechos humanos. En cualquier caso, la carga de cumplimiento para los equipos de recursos humanos que gestionan movimientos de no comunitarios hacia Italia se incrementará notablemente hasta 2027.
Las principales novedades incluyen la obligatoriedad del control biométrico en el primer punto de entrada, decisiones aceleradas sobre asilo en un plazo máximo de 12 semanas, y un mecanismo de solidaridad que obliga a otros países a aceptar reubicaciones o a pagar 20.000 euros por cada traslado rechazado. Para 2026, la Comisión ha asignado a Italia, España, Grecia y Chipre hasta 21.000 redistribuciones, con un apoyo financiero de 420 millones de euros, pero solo si pueden tramitar los casos con rapidez.
Desde la perspectiva de la movilidad, el Pacto establece nuevos puntos operativos en puertos y aeropuertos. Los visitantes de negocios procedentes de países con bajo riesgo de asilo deberían experimentar pocas dificultades, aunque las empresas que trasladen personal desde jurisdicciones consideradas “países seguros” (como India, Túnez o Marruecos) podrían enfrentar controles secundarios más estrictos. Los abogados corporativos prevén un aumento en las denegaciones de permisos de residencia cuando los familiares presenten solicitudes fuera de plazo, debido a criterios más rigurosos de “inadmisibilidad”.
El Ministerio del Interior asegura que ya se trabaja en la ampliación de las estaciones biométricas Eurodac en Lampedusa, Bari y Trieste, aunque los sindicatos advierten que los planes de personal no están a la altura de los picos de llegadas previstas para el verano. Hasta que los sistemas se estabilicen, los empleadores deberán prever tiempos adicionales para la tramitación de permisos Blue Card y de transferencias intraempresariales (ICT) en las prefecturas fronterizas.
Las reacciones políticas son diversas: el gobierno de Meloni celebra el endurecimiento de los controles, pero acusa a Bruselas de insuficiente financiación; las ONG anuncian recursos legales para proteger los derechos humanos. En cualquier caso, la carga de cumplimiento para los equipos de recursos humanos que gestionan movimientos de no comunitarios hacia Italia se incrementará notablemente hasta 2027.
Fuente: La Stampa
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