
El duro reproche público de Ryanair contra el nuevo Sistema de Entrada/Salida (EES) de la UE ha reavivado con urgencia un debate que llevaba meses latente en los círculos de la aviación europea. El 2 de julio de 2026, Neal McMahon, director de operaciones de la aerolínea, advirtió que las colas provocadas por el proceso obligatorio de escaneo de huellas dactilares y reconocimiento facial ya alcanzan hasta dos horas en algunos puntos de acceso, y teme que la situación empeore con el inicio de la temporada alta de vacaciones. La compañía señaló siete aeropuertos en España, Francia, Italia y Polonia que ya enfrentan “graves interrupciones” y pidió a Bruselas suspender el componente biométrico del sistema al menos hasta septiembre.
Para las empresas con sede en Bélgica, esta advertencia es crucial, ya que el Aeropuerto de Bruselas depende en gran medida de aerolíneas de ocio como Ryanair y TUI fly para conexiones de corto recorrido utilizadas por empleados desplazados, equipos de proyectos y viajeros habituales. Las largas colas en las fronteras externas del espacio Schengen no solo retrasan a los visitantes de negocios, sino que también aumentan el riesgo de perder conexiones para el tráfico de transferencia que usa Bruselas como centro de operaciones. Según la asociación Airlines for Europe (A4E), perder una conexión de largo recorrido suele costar a la aerolínea 1.100 € en gastos de reubicación y atención al pasajero, costos que finalmente se reflejan en tarifas más altas y presupuestos de viaje más ajustados.
Para ayudar a los viajeros a adaptarse a estos requisitos de entrada en constante cambio, VisaHQ ofrece asesoramiento en tiempo real sobre visados Schengen y trámites biométricos, además de soporte integral para visitantes con destino a Bélgica. Su portal dedicado (https://www.visahq.com/belgium/) permite a los equipos de movilidad y a los pasajeros individuales consultar listas de documentos, tarifas y tiempos de procesamiento en un solo lugar, reduciendo sorpresas de última hora en la frontera.
El EES, operativo desde abril de 2026, fue diseñado para sustituir el sellado manual de pasaportes de no comunitarios por una base de datos automatizada que registra entradas y salidas. Los agentes fronterizos capturan huellas dactilares e imagen facial en la primera entrada; en cruces posteriores se requiere verificación biométrica. La Comisión Europea asegura que el tiempo medio de trámite es de 70 segundos y que los estados miembros pueden aplicar una “derogación de verano” para pausar el registro biométrico si las colas aumentan. Sin embargo, las asociaciones del sector ACI Europe e IATA consideran que esta excepción es demasiado limitada y exigen una exclusión general cuando el volumen de pasajeros supera la capacidad.
Desde la perspectiva de la gestión de movilidad, las empresas globales con talento rotando por Bélgica durante el verano deben prever tiempos de espera más largos en las fronteras externas de Schengen, especialmente cuando el personal transita por aeropuertos como París-Beauvais, Milán-Bérgamo o centros vacacionales españoles antes de llegar a Bruselas. Se recomienda a los gestores de viajes ampliar los itinerarios de los viajeros frecuentes, preregistrar a los pasajeros habituales cuando sea posible y vigilar las políticas de reubicación de las aerolíneas en caso de vuelos de conexión perdidos. Las empresas belgas que traigan candidatos para centros de evaluación o asignaciones cortas también deben advertir a los visitantes que esperen controles biométricos adicionales en su primera llegada.
A medio plazo, este enfrentamiento acelera las demandas para un modelo fronterizo verdaderamente basado en el riesgo. El Ministerio del Interior belga ya ha planteado la idea de permitir que quioscos para viajeros de confianza gestionen a ciertos no comunitarios en el Aeropuerto de Bruselas. Si la Comisión concede mayor flexibilidad, los proyectos piloto en Bélgica podrían servir de modelo para otros estados Schengen; pero si mantiene su postura, es probable que se repitan tensiones durante la temporada alta.
Para las empresas con sede en Bélgica, esta advertencia es crucial, ya que el Aeropuerto de Bruselas depende en gran medida de aerolíneas de ocio como Ryanair y TUI fly para conexiones de corto recorrido utilizadas por empleados desplazados, equipos de proyectos y viajeros habituales. Las largas colas en las fronteras externas del espacio Schengen no solo retrasan a los visitantes de negocios, sino que también aumentan el riesgo de perder conexiones para el tráfico de transferencia que usa Bruselas como centro de operaciones. Según la asociación Airlines for Europe (A4E), perder una conexión de largo recorrido suele costar a la aerolínea 1.100 € en gastos de reubicación y atención al pasajero, costos que finalmente se reflejan en tarifas más altas y presupuestos de viaje más ajustados.
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El EES, operativo desde abril de 2026, fue diseñado para sustituir el sellado manual de pasaportes de no comunitarios por una base de datos automatizada que registra entradas y salidas. Los agentes fronterizos capturan huellas dactilares e imagen facial en la primera entrada; en cruces posteriores se requiere verificación biométrica. La Comisión Europea asegura que el tiempo medio de trámite es de 70 segundos y que los estados miembros pueden aplicar una “derogación de verano” para pausar el registro biométrico si las colas aumentan. Sin embargo, las asociaciones del sector ACI Europe e IATA consideran que esta excepción es demasiado limitada y exigen una exclusión general cuando el volumen de pasajeros supera la capacidad.
Desde la perspectiva de la gestión de movilidad, las empresas globales con talento rotando por Bélgica durante el verano deben prever tiempos de espera más largos en las fronteras externas de Schengen, especialmente cuando el personal transita por aeropuertos como París-Beauvais, Milán-Bérgamo o centros vacacionales españoles antes de llegar a Bruselas. Se recomienda a los gestores de viajes ampliar los itinerarios de los viajeros frecuentes, preregistrar a los pasajeros habituales cuando sea posible y vigilar las políticas de reubicación de las aerolíneas en caso de vuelos de conexión perdidos. Las empresas belgas que traigan candidatos para centros de evaluación o asignaciones cortas también deben advertir a los visitantes que esperen controles biométricos adicionales en su primera llegada.
A medio plazo, este enfrentamiento acelera las demandas para un modelo fronterizo verdaderamente basado en el riesgo. El Ministerio del Interior belga ya ha planteado la idea de permitir que quioscos para viajeros de confianza gestionen a ciertos no comunitarios en el Aeropuerto de Bruselas. Si la Comisión concede mayor flexibilidad, los proyectos piloto en Bélgica podrían servir de modelo para otros estados Schengen; pero si mantiene su postura, es probable que se repitan tensiones durante la temporada alta.
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