
El Gobierno Albanese ha confirmado que limitará formalmente el número de visas Working Holiday (subclases 417/462) para el segundo año a 45,000 por año y restringirá las renovaciones para un tercer año a solo 5,000 plazas. El ministro de Turismo, Tony Burke, explica que este cambio busca “reajustar” la mezcla migratoria y reducir la migración neta internacional (NOM) al objetivo gubernamental de 225,000 para 2027-28. Los viajeros provenientes del Reino Unido, que ya no están obligados a completar 88 días de trabajo regional, quedarán exentos del sorteo.
El anuncio ha generado preocupación entre los empleadores del norte y las zonas regionales de Australia, que dependen en gran medida de la mano de obra de los backpackers. Una encuesta de la Cámara de Comercio de Townsville revela que el 70 % de los negocios locales emplean al menos a diez trabajadores con visa Working Holiday y, en algunos establecimientos de hostelería, los backpackers representan la mitad de la plantilla. Bart Furst, hotelero, comentó a The Guardian que sin acceso a este programa “le será difícil mantener las puertas abiertas durante la temporada alta”.
Un estudio económico de Tourism Research Australia estima que cada 100 visas Working Holiday generan el equivalente a cinco empleos a tiempo completo, considerando los efectos multiplicadores. Las cámaras de Cairns y Townsville advierten que los nuevos límites podrían reducir hasta 0.3 puntos porcentuales el producto regional bruto del norte de Queensland si los backpackers optan por Nueva Zelanda o Canadá como destino alternativo.
Académicos en migración señalan que esta reforma es políticamente más segura que reducir el número de estudiantes internacionales, dado que el sector universitario es un lobby poderoso. Sin embargo, la Dra. Kaya Barry, de la Universidad Griffith, sostiene que la política amplía la brecha entre las zonas metropolitanas y regionales de Australia: “Las ciudades se benefician de una menor demanda de vivienda, mientras que los pueblos pierden mano de obra crítica y vitalidad cultural”.
Para titulares de visa como Sydney Schetter, barista canadiense que ha pasado siete años en Australia con sucesivas extensiones de la Working Holiday Maker, el sorteo implica que probablemente no intentará un segundo año en el futuro. “Probablemente iría directamente a Nueva Zelanda”, comenta, subrayando una tendencia que podría erosionar la competitividad de Australia en movilidad juvenil si otros destinos actúan con mayor flexibilidad.
El anuncio ha generado preocupación entre los empleadores del norte y las zonas regionales de Australia, que dependen en gran medida de la mano de obra de los backpackers. Una encuesta de la Cámara de Comercio de Townsville revela que el 70 % de los negocios locales emplean al menos a diez trabajadores con visa Working Holiday y, en algunos establecimientos de hostelería, los backpackers representan la mitad de la plantilla. Bart Furst, hotelero, comentó a The Guardian que sin acceso a este programa “le será difícil mantener las puertas abiertas durante la temporada alta”.
Un estudio económico de Tourism Research Australia estima que cada 100 visas Working Holiday generan el equivalente a cinco empleos a tiempo completo, considerando los efectos multiplicadores. Las cámaras de Cairns y Townsville advierten que los nuevos límites podrían reducir hasta 0.3 puntos porcentuales el producto regional bruto del norte de Queensland si los backpackers optan por Nueva Zelanda o Canadá como destino alternativo.
Académicos en migración señalan que esta reforma es políticamente más segura que reducir el número de estudiantes internacionales, dado que el sector universitario es un lobby poderoso. Sin embargo, la Dra. Kaya Barry, de la Universidad Griffith, sostiene que la política amplía la brecha entre las zonas metropolitanas y regionales de Australia: “Las ciudades se benefician de una menor demanda de vivienda, mientras que los pueblos pierden mano de obra crítica y vitalidad cultural”.
Para titulares de visa como Sydney Schetter, barista canadiense que ha pasado siete años en Australia con sucesivas extensiones de la Working Holiday Maker, el sorteo implica que probablemente no intentará un segundo año en el futuro. “Probablemente iría directamente a Nueva Zelanda”, comenta, subrayando una tendencia que podría erosionar la competitividad de Australia en movilidad juvenil si otros destinos actúan con mayor flexibilidad.
Fuente: The Guardian
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